Mostrando entradas con la etiqueta Estudios y Consejos Biblicos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Estudios y Consejos Biblicos. Mostrar todas las entradas

JEHOVÁ CUMPLIRÁ SU PROPÓSITO


“Si anduviere yo en medio de la angustia, tú me vivificarás; contra la ira de mis enemigos extenderás tu mano, y me salvará tu diestra. Jehová cumplirá su propósito en mí; tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; no desampares la obra de tus manos.”  Salmo 138:7-8.
Nadie puede hacer la obra, llevar a cabo el propósito de Dios, seguir la voluntad del Señor y hacer proezas, si Dios realmente no está con él. Debemos procurar que la manifestación del poder de Dios no sea una vez por año o esporádicamente, sino que realmente se cumpla lo que dijo Jesús: “He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt. 28:20).
A Dios le interesa más lo que somos, que lo que hacemos. No se puede impresionar a Dios por las muchas cosas que podamos hacer, ni haciendo alarde de lo que se ha hecho. La Biblia dice que: “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?” (Mt. 7:22). Refiriéndose a la obra que hicieron el Señor les dirá:“Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mt. 7:23). Quiere decir que no vivieron para Él, no caminaron como Él quería. Entonces de nada le sirvió todo lo que pudieron haber hecho, por no haberse cuidado, por no haber hecho la voluntad de Dios, por no haberse mantenido en la obediencia de Su Palabra.
También sabemos que el mundo entero está lleno de cobardes. No hay nada positivo escrito sobre los cobardes. Actualmente encontraremos a muchos que son simples religiosos, que asisten a un templo, pero que son cobardes; porque estos constantemente viven rindiéndole culto a la mundanalidad, rindiéndole culto a cuanta moda aparece, rindiéndole culto a cuantas cosas y embelecos de las tinieblas aparecen, e inclinados ante estos y adorándolos. Si buscamos, notaremos que son pocos los que viven una vida de integridad, una vida de testimonio, una vida de servicio, una vida de entrega.
Debemos saber que el reino de los cielos lo arrebatan los valientes. “El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Pero LOS COBARDES e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.” (Ap. 21:7-8). “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, al reino de los cielos se hace fuerza, y los valientes lo arrebatan.” (Mt. 11:12, RV 1909).
Amado lector, Dios quiere que le rindamos toda nuestra voluntad, quiere una entrega total tanto a Él como a su Obra. Y que podamos decir como dijo el salmista: “Jehová cumplirá su propósito en mí; tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; no desampares la obra de tus manos” (Sal. 138:8). Amén.

Tomado: ImpactoEvangelistico.net
Rev. José Arturo Soto Benavides
El apóstol Pablo con respecto a la Obra llegó a decir que Dios abrió una puerta grande, esta es la puerta de la evangelización. Mientras esté abierta la Iglesia trabajará en pos de las almas perdidas.
Puertas Grandes
En 1 Corintios 16:9 leemos: “Porque se me ha abierto puerta grande y eficaz, y muchos son los adversarios”.
En la Biblia, la palabra “puerta” se usa en forma muy prolija y abundante, encierra un significado simbólico. Por ejemplo, cuando algo es inminente, decimos: “Está a la puerta”.
En el tiempo antiguo, había puertas cerradas para el pueblo de Israel. Faraón, cerrando las puertas de la libertad, no permitió que Israel saliera de Egipto. La Biblia dice que: “Moisés y Aarón entraron a la presencia de Faraón y le dijeron: Jehová el Dios de Israel dice así: Deja ir a mi pueblo a celebrarme fiesta en el desierto” (Éxodo 5:1). El Faraón desafiante respondió: “¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel” (Éxodo 5:2). El final de esta historia es conocida, Dios abrió las puertas de la libertad para Su pueblo.
Israel cruzó el río Jordán y se encontró con una ciudad inexpugnable: Jericó; con puertas cerradas, bien cerradas. Dice la Escritura: “Jericó estaba cerrada, bien cerrada, a causa de los hijos de Israel; nadie entraba ni salía” (Josué 6:1). Pero Dios había decidido abrirlas para que el pueblo pase. Él puede abrir puertas en un país, porque es el Soberano de las naciones y éstas le pertenecen. Dios le dio a Josué la estrategia, no era una estrategia humana; consistía en caminar alrededor, clamar e invocar al Señor en el momento que se indicara y ¿sabe qué pasó con las puertas cerradas? ¡Cayeron los muros, se derrumbaron y el pueblo de Dios heredó en victoria!; parecía un plan ridículo, pero contaba con un elemento poderosísimo llamado Fe; y la Fe, mueve montañas.
La influencia benefactora de la Iglesia es evidente a través de los siglos. A pesar que ha habido gobiernos e imperios que se han concentrado en un ataque sistemático y abierto contra la Iglesia del Señor, han fracasado en su intento.
En el imperio babilónico, que el rey Nabucodonosor dominó; Daniel y sus tres amigos, gente que servía a un Dios de grandes puertas, se pusieron en sus manos en situaciones difíciles. Nabucodonosor, avanzando los años, expresó: “Conviene que yo declare las señales y milagros que el Dios Altísimo ha hecho conmigo” (Daniel 4:2). ¡La Iglesia puede poner a los reyes a testificar del poder de Cristo!
Podríamos decir lo mismo del imperio medo-persa y del imperio romano; de aquellos quedan ruinas, pero la Iglesia marcha triunfante; el enemigo no ha podido, ni podrá cantar el coro de victoria; no han podido, ni podrán derrotarnos; porque Dios abre puertas eficaces.
LA IGLESIA DEL SEÑOR SE MUEVE EN LA PERSPECTIVA DE TRES IMPORTANTES PUERTAS
La primera puerta
La puerta de la salvación de Cristo. Jesús dijo en Juan 10:9, “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo”. Cristo es una puerta grande, la primera que se abrió; pero el entrar por ella representa conflictos, pruebas; porque ser cristiano no es como vivir en el mundo, es agradar a Dios en todo.
La segunda puerta
Cuando Cristo preguntó a sus discípulos: “¿Quién decís que soy yo?”; Pedro respondió: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”; entonces Jesús declaró: “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro y sobre esta roca (sobre esta revelación, sobre esta verdad, que van a decir y creer millones, después de ti)edificaré mi Iglesia y las puertas del Hades (infierno)no prevalecerán contra ella” (Mateo 16: 13-20).
Prevalecer implica luchar, algunas de esas puertas se levantarán: la puerta de la drogadicción, la puerta del alcoholismo, la puerta de la corrupción - que en la actualidad alcanza a todos los estratos sociales en el mundo - se levanta retadora e inexpugnable la puerta de la idolatría, la puerta de la  inmoralidad, por la cual ingresa la mayoría y cuando se cierra, aprisiona a los que por ella entraron. Se levantan amenazantes, pero ya el Señor ha dicho: “Las puertas del infierno no prevalecerán”. ¡Tenemos poder de Dios para golpear esas puertas! ¡Y tendrán que caer! Porque el Señor dijo: “No prevalecerán”.
La tercera puerta
Aquella que menciona Apocalipsis 4:1-2, Juan escucha una voz como de trompeta y cuando se vuelve para mirar quien hablaba, la voz le dijo: “Sube acá” y cuando mira “he aquí una puerta abierta en el cielo” y si alguien quiere saber, ¡esa puerta es grande, hacia allí nos movemos; nada, ni nadie nos puede impedir llegar y alcanzar esta puerta, abierta para nosotros!
CUANDO JESÚS MURIÓ EN LA CRUZ, SUCEDIERON ALGUNAS COSAS EN EL ÁMBITO INVISIBLE
Lo visible era su cuerpo lacerado, ensangrentado; alrededor la gente veía todo el drama, pero habían cosas que ocurrían en el ámbito espiritual, pero eran parte del plan de Dios; por tanto, podemos decir que la cruz fue una gran puerta de victoria, especialmente, sobre Satanás.
Dice la Biblia en Colosenses 2:14-15, “… anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, despojando a los principados y las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz”. Él era el emperador de la muerte y el infierno, pero Cristo, al morir, le arrebató las llaves del infierno y la muerte. Así que el diablo no tiene ningún poder sobre usted; dice la Biblia: “Los exhibió, públicamente (los avergonzó), triunfando sobre ellos en la cruz” (Colosenses 2:15); es por eso que cuando Jesús dijo: “Mas Jesús, dando una gran voz, expiró. Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo” (Marcos 15:37-38). La puerta se abrió de par en par”.
Cristo no tenía que añadir nada, ganó como hombre, ¡todo un triunfador!, pero no añadió en sí ningún brillo más a su Majestad. ¿Por quién lo hizo? ¡Por nosotros! Por eso dijo: “En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán” (Marcos 16:17-18). “Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:9-11).
SE ME HA ABIERTO PUERTA GRANDE Y EFICAZ
En Éfeso, el apóstol Pablo dijo: “Se me ha abierto puerta grande y eficaz”. Eficaz quiere decir: “Que produce efecto”, que el objetivo propuesto se cumple.
Éfeso, una ciudad impía, centro de idolatría, donde custodiaban aquella maravilla del mundo antiguo: El templo de Diana. Era un edificio majestuoso, sostenido por cien columnas de mármol, cada una donada por un príncipe oriental, una obra de arte, un lugar donde se reunían a adorar. Diana era una representación de diosa de la fertilidad. Toda la ciudad la adoraba, era tan famosa que, a lo largo del imperio romano, se hablaba de ese ídolo; había mucha superstición: Letras mágicas que otorgaban protección a la gente que las usaban.
En la época de su tercer viaje, Pablo estuvo trabajando en Éfeso por lo menos 2 años y 3 meses. Dejó la ciudad después del motín provocado por Demetrio, el platero fabricante de templecillos de plata, que vio disminuir sus beneficios debido a la predicación del apóstol (Hechos 19).
Pablo no pensaba quedarse mucho tiempo, tenía otro itinerario, incluso envió a algunos ayudantes que se fueran delante y se quedó en Éfeso predicando en las escuelas. “Pero endureciéndose algunos y no creyendo, maldiciendo el Camino delante de la multitud, se apartó Pablo de ellos y separó a los discípulos…” (Hechos 19:9). Pablo dijo a sus ayudantes que todavía no se iría, porque entendió la visión: “Se me ha abierto puerta grande y eficaz”.
SI LA CIUDAD ES DIFÍCIL SEA FIEL, ENTRE POR LA PUERTA QUE DIOS LE HA DADO; ESA PUERTA, POR MÁS PROBLEMAS QUE HAYA, NO DEJA DE SER EFICAZ; VA A PRODUCIR EL EFECTO QUE DIOS SE HA PROPUESTO.
Cuando Pablo predicaba, ellos pensaban que había llegado otro talismán, porque Pablo sanaba a toda la gente en el nombre de Cristo. Y las personas atormentadas por el diablo venían al Señor. Pero algunos llegaron a reprender: “Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo” (Hechos 19:13); a lo que respondieron los demonios: “A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois?” (Hechos 19:15); es que hay que estar autorizados y el que autoriza está arriba, en los Cielos; el endemoniado les cayó encima y huyeron desnudos y con las marcas del elemento violento (Hechos 19:16).
Cuando Pablo llegó, comenzó a predicar en la sinagoga y en las escuelas; la gente empezó a convertirse incluso quemaron sus libros de magia. “Y muchos de los que habían creído venían, confesando y dando cuenta de sus hechos. Asimismo muchos de los que habían practicado la magia trajeron los libros y los quemaron delante de todos; y hecha la cuenta de su precio, hallaron que era cincuenta mil piezas de plata. Así crecía y prevalecía poderosamente la Palabra del Señor” (Hechos 19:18-20). Los que adoraban a Diana, empezaron a adorar a Jesús; entonces la central sindical de artífices empezó a temblar, ¿se da cuenta que cuando Dios abre puertas a la iglesia, las ciudades tiemblan?
Los adversarios comenzaron a surgir; uno de ellos, llamado Demetrio, dijo: “Varones, sabéis que de este oficio obtenemos nuestra riqueza; pero veis y oís que este Pablo, no solamente en Éfeso, sino en casi toda Asia, ha apartado a muchas gentes con persuasión, diciendo que no son dioses los que se hacen con las manos. Y no solamente hay peligro de que este nuestro negocio venga a desacreditarse, sino también que el templo de la gran diosa Diana sea estimado en nada, y comience a ser destruida la majestad de aquella a quien venera toda Asia, y el mundo entero” (Hechos 19:25-27). A él no le importaba Diana, sino el dinero.
“Cuando oyeron estas cosas, se llenaron de ira, y gritaron, diciendo: ¡Grande es Diana de los efesios!”(Hechos 19:28). La gente se congregó en el anfiteatro y por dos horas gritaron: ¡Grande es Diana de los efesios!, buscaron a Pablo para matarlo pero no lo encontraron, pues se quedó oculto, arrastraron a algunos de sus compañeros y hubo un ambiente revoltoso y hostil; el apóstol Pablo con respecto a la Obra llegó a decir: “Porque se me ha abierto puerta grande y eficaz, y muchos son los adversarios”.
En la actualidad, Éfeso es un pantano pestilente; no queda rastro de la ciudad, lo único que suena son las ranas, no se oye nada; pero los cristianos podemos decir: ¡Grande es nuestro Dios! ¡Y la iglesia sigue adelante porque Dios nos ha abierto puertas grandes!
Está cerca el instante en que se oiga una Palabra poderosa, como la dicha en el libro de los Salmos 24:7-10, leemos: “Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de Gloria”. A coro, el cielo pregunta: “¿Quién es este Rey de Gloria? Jehová el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla”; pero no entrará solo, entraremos con Él; porque somos uno, somos el fruto de lo que Cristo hizo en la cruz del Calvario.
Dios le bendiga.
fuente: http://impactoevangelistico.net/
Rev. Rubén Concepción: “Me hizo volver luego a la entrada de la casa; y he aquí aguas que salían de debajo del umbral de la casa hacia el oriente; porque la fachada de la casa estaba al oriente, y las aguas descendían de debajo, hacia el lado derecho de la casa, al sur del altar…”  Ezequiel 47:1-12.
Portadores de las Aguas de bendición
Al aplicar esta porción de las Escrituras a nuestra vida, nos damos cuenta que somos santuario de Dios. Pues la Palabra de Dios establece que somos “templo del Espíritu Santo”. Como templo de Dios somos fuentes o portadores desde la cual fluyen las aguas de bendición y gracia divina. El Señor Jesús dijo: “Si alguno tiene sed venga a mí y beba. El que cree en mí como dice la Escritura de su interior correrán ríos de agua viva”. (Juan 7:37-38).
El Señor dijo: “El que cree en mí”. No dijo el que cree en las palabras de los hombres, o en las instituciones políticas, religiosas, económicas. Él dijo: “El que cree en mí”. Él es el fundamento de nuestra fe.
Al observar este pasaje, Ezequiel 47:1, nos dice que las aguas salían del santuario, que es la casa de Dios. La casa de Dios representa nuestra vida consagrada, dedicada y entregada a Dios. Muchos quieren llevar el mensaje de Dios pero no quieren vivir a la altura del mensaje. Muchos quieren proclamar la Palabra de Dios pero no quieren conocer al Dios de la Palabra.
Vemos que las aguas que corrían hacia fuera salían de “debajo del umbral”, el umbral es un escalón para subir o entrar a la casa. Y nos habla de una vida de humildad y sencillez. Por lo tanto nos convertimos en portadores de las aguas de la bendición reconociendo que somos “santos y humanos”. La humildad es una virtud y cualidad en la vida de los creyentes que verdaderamente están llenos de Dios. Al verdadero hombre de Dios las alturas no le marean porque ha aprendido a estar sobre la cumbre de la misma forma que estuvo Jesús, crucificado.
Estas aguas corrían hacia el oriente, hacia el nacimiento del sol. El verdadero creyente camina a la luz de la Palabra de Dios.
Así que, su caminar es de fe, su visión es amplia y segura. Aunque vive en el marco del tiempo (pasado, presente, futuro), nunca mira al pasado para anhelarlo como el pueblo de Israel, tampoco se detiene en el presente circunstancial para vivir, en el lamento como le sucedió a Samuel. Hace como el apóstol “olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta al premio del supremo llamamiento” (Filipenses 3:13-14). La fortaleza del verdadero portador, es proseguir para seguir dando las aguas de la bendición aunque eso conlleve sacrificio, dolor y menosprecio.
El verdadero creyente lleno de Dios corre hacia el oriente, hacia el nacimiento de un nuevo día. Para poder realizar esta gran tarea de llevar las aguas de la bendición a un mundo que es árido y estéril, es necesario que haya un proceso de crecimiento y madurez. Sabemos y comprendemos que el Reino de los Cielos se hace fuerza y los valientes lo arrebatan.
Todo tiene un comienzo. Nadie nace realizado. Cuando vemos este pasaje, Ezequiel 47, nos damos cuenta que el profeta fue invitado para que entrara a las aguas.
Quiere decir que antes que las aguas de la bendición entren en nosotros para convertirnos en bendición, nosotros tenemos que entrar a ellas, en las aguas, para que seamos saturados de lo divino. Vemos que Dios tiene su plan bien diseñado. La primera distancia (mil codos) representa el inicio del Espíritu Santo en nosotros. Viene como silbido apacible y delicado. El Señor habló a sus discípulos y les dijo que el Espíritu Santo moraba con ellos y que estaría en ellos (Juan 14:7). Esto nos habla de una íntima comunión. Cuando hay una verdadera comunión, no hay gritos de desesperación, sino un silbo apacible como lo experimentó el profeta Elías. Así es el inicio de la vida que ha de llevar las aguas de la bendición.
Comienza con obediencia y sensibilidad. Tenemos que ser sensibles a los toques del Señor. La comunión con Dios nos conduce a una relación más profunda con Él. Cuando el agua llega hasta las rodillas nos postramos y permitimos que el Espíritu Santo nos ayude en nuestra debilidad. Cuando nos postramos (Ezequiel 47:4). Podemos oír su voz que nos fortalece para poder interceder por los pueblos, las naciones y la Obra de Dios.
Luego nos paramos en la brecha y clamamos por misericordia. Tenemos que meternos en las aguas hasta las rodillas; “la humildad no está en espera de grandes hombres de ciencia y políticos ni grandes predicadores elocuentes; sino esperando un hombre, un pueblo que viva de rodillas y se aun intercesor”. Hay que meternos en las aguas hasta las rodillas.
“Mil codos más”. Por tercera ocasión el mensajero invita al profeta a que entrara más profundo, “hasta los lomos (la cintura)”. Esto representa la vida ceñida al Espíritu Santo. Cuando Cristo llena nuestras vidas hay cambios, ya no nos ceñimos nosotros, sino que otro nos ciñe, nos ciñe el Espíritu Santo y recibimos autoridad de Dios para proclamar su Palabra. El deseo de Dios es tomar control de nuestras vidas para poder caminar por la senda de la fe con seguridad, certeza y convicción de ver el futuro bajo la perspectiva divina. Por lo tanto, mil codos más es la medida que nos sumerge en las aguas provocando una rendición a la obra del Espíritu Santo. Es el momento cuando no hay más resistencia, es el momento cuando Dios toma el control de nuestras vidas.
Dejamos lo que era de niños y nos convertimos en hombres y mujeres capaces de realizar la Obra de Dios con valor, determinación y entrega. Cuando Dios toma el control en nuestras vidas nuestra escala de valores cambia. Todo lo valorizamos desde la perspectiva de las riquezas que haya en Cristo Jesús. Pasamos de lo insignificante a lo maravilloso.
Los resultados de las aguas de la bendición han sido y seguirán siendo maravillosos. Produjo frutos para alimentar, sanidad para el enfermo y vida a todo lo que estaba muerto.
Atrévete a entrar a las aguas de la bendición, sumérgete por completo, hasta que te conviertas en una verdadera fuente que brota aguas de vida eterna. Entonces estarás listo para saciar la sed que tienen aquellos que te rodean. Solo tienes que probar. Pruébalo y te convertirás en un portador de las aguas de la bendición.

Fuente: impactoevangelistico.net/
Rev. Rubén Concepción: “Seis días trabajarás y harás toda tu obra, más el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios”, Éxodo 20:9, 10.
El Trabajo, no es una maldición
Hubo una época en la historia humana en que se consideró el trabajo una maldición. Mas exactamente en tiempos antes de la gran reforma protestante. Sobre el particular se decía que el trabajo era como un azote, castigo impuesto al hombre como recompensa al pecado original. Era un medio de disciplina, de freno a los vicios, se consideraba que el único trabajo digno era el que cumplían los religiosos en los monasterios. Según el orden divino hallamos que el Eterno Creador es incansable en laborar. Jesús dijo: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo.” (Juan 5:17).
La Sagrada Escritura nos presenta a Dios como el creador del universo, como el gran gestor de la vida, como el arquitecto, ingeniero y primer obrero de su creación.
Siendo que Dios mismo es el primer obrero de su creación, no solo en el acto creador, sino en la obra de preservación y conservación el trabajo no puede considerarse como una maldición. Cuando el hombre y su mujer fueron creados el padre de familia humana le asignó un lugar, el mejor de toda la tierra. Le asignó un trabajo que hacer, cuidar el huerto y labrarlo. También fue comisionado por Dios a velar por la creación animal, dando nombre a cada especie y le entregó autoridad sobre toda la creación terrenal.
Cada humano tiene una comisión divina que cumplir en su corta estadía en este pequeño mundo. El término trabajo abarca todo lo que hacemos con el ejercicio de nuestros talentos en actividades que resultan en ganancia que utilizamos para el sostenimiento propio y el de nuestras familias y de la Obra de Dios. Bendito sea Dios que nos hizo para trabajar. Fuimos creados para ser fructíferos y productivos (Génesis 1:28). El pueblo de Dios es un pueblo trabajador y de la mejor calidad.
Toda la Biblia nos muestra su cultura del trabajo como un hecho bendición. Con el trabajo mejora la condición de vida del individuo, la familia, la comunidad y la nación. Dos grandes ramas estuvieron en las manos de los dos primeros hombres que nacieron en esta creación. La agricultura en las manos de Caín, hijo mayor de Adán y Eva y la ganadería en manos de Abel, el más joven. Estos dos pioneros del trabajo eran prósperos en su labor, su trabajo también producía para agradecer al dueño de la empresa, a Dios, el Creador del universo. Y traían ofrendas y sacrificios como un acto de gratitud. Todo el Antiguo Testamento muestra al pueblo de Dios laborando, Noé un gran constructor de navíos, agricultor y ganadero. Abraham ganadero, agricultor y comerciante. Los israelitas ganaderos, agricultores, artesanos, constructores, ingenieros y administradores brillantes. La cultura del trabajo está tan arraigada en la descendencia de Abraham que es y ha sido una fortaleza económica en el mundo, en todas las naciones y en toda su historia.
Tenemos que trabajar mientras el día dure, porque viene la noche cuando nadie puede trabajar. Trabajemos en bien de la Obra, de las almas perdidas y del Señor, recibiremos la recompensa. Amén.

Fuente: http://impactoevangelistico.net
Rev. Rodolfo González Cruz: “Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros
Defendiendo la Sana Doctrina
Rev. Rodolfo González Cruz: “Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres… y servid a Jehová. Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis… pero yo y mi casa serviremos a Jehová.” Josué 24:14, 15.
La Santa Biblia nos enseña a nosotros cómo debe ser nuestro comportamiento, primero para con nuestro Creador, y luego para con nuestro semejante o nuestro prójimo. Dios se agradará de aquel que oye la Palabra de Dios y la obedece. Nosotros predicamos la Sana Doctrina, que no es la doctrina de un hombre, ni de una organización.
Muchas veces tengo que decir que nací en una denominación donde fui instruido en la sana doctrina, pero ¿qué pasó?, que nuestros compañeros y nuestros padres espirituales comenzaron a dejar la sana doctrina y eso ha pasado en muchas denominaciones.
Hubo grandes avivamientos, Dios usó tremendos hombres de Dios. Luego, algunos de ellos fracasaron, o murieron.
Jesús dijo: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33). Buscar el reino de Dios es obedecer la Palabra del Señor, es obedecer la doctrina, la enseñanza bíblica.
“Ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:20-21). Ellos escribieron la Palabra de Dios para doctrinarnos, para hacernos conocer la voluntad del Señor.
El hacer la voluntad de Dios nos trae bendiciones. Primero bendiciones espirituales, éxitos, triunfos, logros, todo lo que tú necesitas para estar feliz en esta tierra y que no te falte nada porque es la bendición de Jehová la que enriquece y no añade tristeza.
La carta a los Gálatas dice: “No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el Evangelio de Cristo. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema” (Gálatas 1:7-8). No es posible que teniendo una misma Biblia, que estemos predicando diferente evangelio, ¿qué está pasando hermanos cristianos de todas las iglesias? Atienda a la Palabra de Dios para que el diablo no lo envuelva con las doctrinas herejes y erradas que está usando en estos últimos tiempos, como siempre Satanás lo ha hecho para engañar y desviar de la fe.
“Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia, prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó para que con acción de gracias participasen de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad. Porque todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias; porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado. Si esto enseñas a los hermanos, serás buen ministro de Jesucristo, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido.” (1 Timoteo 4:1-6). Viva dedicado al Señor, no se descuide; porque si se aparta de Cristo, haciendo lo malo, estará expuesto a ser enseñado “escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios”.
Haga una decisión con nuestro Dios de no volver atrás; Josué hizo el pacto con el pueblo, él murió y los que le sucedieron mantuvieron aquella doctrina, pero llega el momento que mueren los líderes y se corrompe la gente. Queremos gente que ame a Dios de verdad, gente que mantenga en alto la sana doctrina para que Dios pueda obrar, sanar enfermos, haga milagros, porque vivimos en santidad, tenemos así el poder de Dios, Dios está con nosotros para hacer milagros; queremos que las almas se salven.
¿Dejarás a Jehová, dejarás la sana doctrina, para ir detrás de ídolos y de hechiceros y espiritistas y parasicólogos y religiones de doctrinas falsas? Mas nosotros defenderemos la sana doctrina.
Hay que levantar la Palabra de Dios, corregir a los que están errados y que a la luz de las Escrituras conozcan la verdad. Amén.
Fuente: http://impactoevangelistico.net/
“Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios”, Job 19:25,26.
“La Muerte”
I. Introducción
 
Todos los seres humanos, creyentes e incrédulos, están sujetos a la muerte (Génesis 3:19). Los primeros seres humanos, Adán y Eva, no fueron creados para morir, sino con una capacidad de escoger entre la inmortalidad y la muerte. Todo dependía de su obediencia a Dios (Génesis 2:17). Tanto Adán como Eva desobedecieron al comer del fruto prohibido y murieron (Génesis 3:6). La muerte humana, sin embargo, fue distinta a la de los animales, es que Adán no dejaría del todo de existir. Su muerte tenía dimensiones físicas, morales y espirituales. Por causa de su desobediencia la misma clase de muerte pasó a todos sus descendientes, y a toda la raza humana (Romanos 5:12).
 
La muerte humana no implica dejar de existir, más bien consiste, básicamente, en una separación. La muerte física es la separación entre lo físico y lo inmaterial, o sea, entre el cuerpo y el alma. La muerte espiritual es la separación del ser humano de su Dios.
 
La muerte física fue resultado del pecado original. Adán no perdió la vida en el día que comió del fruto prohibido, sino que vivió 930 años (Génesis 5:5). Su muerte consistió en dejar de ser inmortal. Comenzó a envejecer desde aquel momento, y la muerte fue inevitable. Hubiera sido inmortal si no hubiese desobedecido a Dios, tanto física como espiritualmente.
 
Normalmente la muerte física sigue siendo inevitable para todo ser humano. Sin embargo, ha habido y habrá excepciones. Enoc y Elías fueron trasladados al cielo sin sufrir la muerte física (Hebreos 11:5; 2 Reyes 2:11); y en los últimos días, cuando el Señor arrebate a su iglesia, todos los creyentes que aún vivan serán trasladados directamente al Cielo (1 Tesalonicenses 4:13-18). Esto es motivo de gran esperanza y consolación para el pueblo de Dios (1 Tesalonicenses 4:18).
 
La palabra muerte en las Escrituras, sin embargo, tiene más de un significado. Es importante comprender la relación del creyente con los diversos significados de muerte.
 
II. La muerte como resultado del pecado
Génesis 2:16,17; 3:17-19
Los capítulos 2 y 3 del libro de Génesis enseñan que la muerte entró en el mundo por causa del pecado (Romanos 5:12). Nuestros primeros padres fueron creados con la capacidad de vivir para siempre; cuando desobedecieron la orden de Dios, cayeron bajo el castigo del pecado, que es la muerte.
 
1. Adán y Eva vinieron a estar sujetos a la muerte física. Dios había puesto el árbol de la vida en el huerto de Edén a fin de que los seres humanos nunca murieran al comer constantemente de él (Génesis 2:9). Dios pronunció lo registrado en Génesis 3:19 después que Adán y Eva comieron del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Aunque no murieron físicamente el día que comieron, si vinieron a estar sujetos a la ley de la muerte como resultado de la maldición de Dios.
 
2. Adán y Eva también sufrieron una muerte moral. Dios le advirtió a Adán que el día que comiera de la fruta prohibida de seguro moriría (Génesis 2:17). ¡Esa fue una advertencia seria! Aún cuando él y su esposa no murieron físicamente ese día, si murieron moralmente, es decir, su naturaleza se hizo pecaminosa. Desde Adán y Eva toda persona ha nacido con una naturaleza pecaminosa (Romanos 8:5-8), es decir, un deseo innato de hacer su propia y egoísta voluntad sin preocuparse por Dios y por los demás (Génesis 3:6; Romanos 3:10-18; Colosenses 2:13).
 
Cuando Adán y Eva pecaron se produjo de inmediato la muerte moral y espiritual, aunque la muerte física se produjo después (Génesis 5:5). La muerte moral consistía en la muerte de la vida de Dios en ellos y su naturaleza se volvió pecaminosa (Juan 17:3). La muerte espiritual significaba que estaba arruinada su anterior relación con Dios (Génesis 3:8-10).
 
Desde el pecado de Adán y Eva, cada persona nace con una naturaleza pecaminosa, y se ha transmitido a todos los seres humanos (Génesis. 5:3; 6:5; 8:21). Debe notarse, sin embargo, que ninguna parte de las Escrituras enseña que todos pecaron cuando Adán pecó, o que su culpa fue imputada a toda la raza humana. La Biblia si enseña que Adán introdujo la ley del pecado y de la muerte en toda la raza humana, corrompiendo a toda la humanidad de allí en adelante. Ahora todos los seres humanos nacen en el mundo con una predisposición al pecado y a la maldad (Romanos 5:12; 8:2; 1 Corintios 15:21-22; Gálatas 5:19-21; Efesios 2:1-3; Colosenses 1:21). La muerte entró en el mundo por medio del pecado, y ahora todos están sujetos a la muerte, “por cuanto todos pecaron”.
 
3. Adán y Eva también sufrieron una muerte espiritual. Cuando desobedecieron en el huerto se arruinó su anterior relación íntima con Dios (Génesis 3:8-10; 22-24). Ya no anhelaban pasearse y conversar con Dios en el huerto, más bien se escondieron de su presencia (Efesios 4:17-18). Estaban muertos espiritualmente.
 
4. La muerte como resultado del pecado implica muerte eterna. La vida eterna habría sido la consecuencia de la obediencia de Adán y Eva (Génesis 3:22), en cambio, ha llegado a operar el principio de la muerte eterna. La muerte eterna es condenación eterna y separación de Dios por causa de la desobediencia (2 Tesalonicenses. 1:7-9; Apocalipsis 20:5-6). Esta segunda muerte es en las Escrituras sinónimo de muerte eterna. Dos veces se declara en Apocalipsis que el lago de fuego es la muerte segunda o eterna (Apocalipsis 20:14; 21:8).
 
5. La raza humana está ligada a Dios mediante la fe en su Palabra como la verdad absoluta (Génesis 2:16-17; 3:4).
 
a) Como Satanás sabía eso, procuró destruir la fe de la mujer al suscitar dudas en cuanto a lo que Dios había dicho. Satanás sugirió que en realidad Dios no hablaba en serio. En otras palabras, la primera mentira planteada por Satanás fue una forma de antinomianismo, negando el juicio de muerte por el pecado y la apostasía.
 
b) Uno de los pecados fundamentales de la humanidad es la incredulidad en la Palabra de Dios. Es creer que por alguna razón Dios no habla en serio cuando se refiere a la salvación, a la justicia, al pecado, al juicio y a la muerte. La mentira que más repite Satanás es que el pecado impenitente y deliberado y la rebeldía contra el Señor no traerán necesariamente la separación de Dios y la condenación eterna.
 
La única manera de escapar de la muerte en todos sus multifacéticos aspectos es por medio de Jesucristo (2 Timoteo 1:10). Por su muerte Él ha reconciliado al creyente con Dios, invirtiendo así la separación espiritual y la enajenación que se había producido a causa del pecado (2 Corintios 5:18). Mediante su resurrección, Él venció y quebró el poder de Satanás, del pecado y de la muerte física (Romanos 6:10; 1 Juan 3:8; 1 Corintios 15:53-57).
 
III. El significado de la muerte física para los creyentes
 
Aun cuando los creyentes en Cristo tienen la seguridad de la vida resucitada, todavía pasan por la experiencia de la muerte física. Pero los creyentes enfrentan la muerte de manera diferente a los incrédulos (Filipenses 1:21). Las siguientes son algunas verdades reveladas en las Escrituras en lo tocante a la muerte del creyente:
 
1. Para el cristiano la muerte no es el fin de la vida, sino un nuevo comienzo, es el punto de transición para una vida plena (1 Corintios 15:55-57). La muerte para los creyentes es una liberación de las aflicciones de este mundo (2 Corintios 4:17) y de un cuerpo terrenal, a fin de ser revestidos de vida y gloria celestiales (2 Corintios 5:1-5). Pablo habla de la muerte física como un sueño (1 Corintios 15:6, 18, 20; 1 Tesalonicenses. 4:13-15) indicando que la muerte es descanso del trabajo y sufrimiento terrenal (Apocalipsis 14:13). Significa ir con los antepasados piadosos que hayan muerto antes y es una puerta a la presencia del Dios Vivo (Filipenses 1:23).
 
2. También las Sagradas Escrituras hablan de la muerte de los creyentes en términos consoladores. La muerte de los santos “estimada es a los ojos de Jehová” (Salmos 116:15). Es una entrada “en la Paz” (Isaías 57: 1,2) y la gloria (Salmo 73:24); un viaje al paraíso ( Lucas 23:43); un viaje a la casa de “muchas moradas” del Padre (Juan 14:2); una partida bendecida (2 Timoteo 4:6); a fin de “estar con Cristo” (Filipenses 1:23); una continua presencia con el Señor (2 Corintios 5:8); un dormir “en Cristo” (1 Corintios 15:18; Juan 11:11; 1 Tesalonicenses. 4:13); una “ganancia” que “es muchísimo mejor” (Filipenses 1:21,23); y el momento de recibir “la corona de justicia” (2 Timoteo 4:8).
 
3. En cuanto al tiempo entre la muerte del creyente y su resurrección corporal, las Escrituras enseñan lo siguiente:
 
a) En el momento de la muerte los creyentes son llevados a la presencia de Cristo (2 Corintios 5:8; Filipenses 1:23)
 
b) Los creyentes existen con plena conciencia (Lucas 16:19-31) y sienten alegría por la bondad y el amor mostrados por Dios (Efesios 2:7).
 
c) El cielo es como un hogar, es decir, un refugio de descanso y seguridad (Apocalipsis 6:11), y un lugar de comunión y compañerismo con otros creyentes (Juan 14:2; Efesios 2:19; Hebreos 13:14).
 
d) Las actividades del cielo incluirán adoración y canto (Salmo 87:5-7; Apocalipsis 14:2-3; 15: 2-3), tareas asignadas (Lucas 19:17).
 
e) En el cielo los creyentes mantienen su identidad personal (Mateo 8:11; Lucas 9:30-32).
 
4. Aun cuando al creyente le aguarda gran esperanza y alegría cuando muere, todavía los creyentes se afligen cuando muere un ser querido. José, por ejemplo, se lamentó profundamente cuando murió Jacob, su padre. Su reacción ante la muerte de su padre es un modelo para todos los creyentes que sufren la muerte de un ser querido.
 
a) Pesar sincero. José lloró y celebró un largo período de luto. Consistió en setenta días y varias semanas más, mientras llevaba de vuelta a Canaán los restos de Jacob para darle sepultura (Génesis 50:1-4, 14). No es anormal ni censurable afligirse durante semanas, o incluso meses, por la muerte de alguien muy querido.
 
b) Solicitud en los preparativos para la sepultura (Génesis 50:2). José quería honrar la memoria de su padre de una manera apropiada y respetable.
 
c) Cumplimiento de los últimos deseos. José hizo honor a las promesas que le hiciera a su padre (Génesis 50:5, 12-13). Deben cumplirse las promesas hechas en fe y basadas en la voluntad de Dios después de la muerte de un ser querido.
 
d) Testimonio fiel. José dio testimonio de su fe en las promesas de Dios al llevar a su padre de vuelta a la tierra prometida de Canaán y colocarlo en el sepulcro de Abraham, Isaac y los demás (Génesis 15:13-16; 49:28-33).

Tomado de: http://impactoevangelistico.net
Rev. Álvaro Garavito
La fuerza nuestra no radica en la carne, la carne tiene que debilitarse, el
Fortaleciéndose en el hombre interior

La fuerza nuestra no radica en la carne, la carne tiene que debilitarse, el apóstol Pablo dice: “Cuando soy débil, entonces soy fuerte pero cuando soy fuerte, entonces soy débil”.

“Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu” (Efesios 3:14-16). Me llama la atención poderosamente que este hombre de Dios, el apóstol Pablo, escribiendo a los efesios hace esta referencia tan maravillosa, que tiene importancia hasta el día de hoy para toda la Iglesia en general.
 
Pablo dice: “Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo” (Efesios 3:14), para orar, para interceder, para clamar por las vidas. Es maravilloso que alguien se acerque y le diga que ha pasado noches de agonía orando por su vida, orando por su ministerio, orando para que Dios le levante y pueda convertirse en un instrumento poderoso en las manos de Dios, eso es alentador.
 
“Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda la familia en los cielos y en la tierra” (Efesios 3:14-15). Luego viene a especificar, lo que estaba determinado, el propósito “para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder, en el hombre interior por su Espíritu” (Efesios 3:16). La razón por la cual este hombre de Dios doblaba sus rodillas, para clamar delante del Padre en el nombre de nuestro Señor Jesucristo era para que cada uno de ellos fuera fortalecido en el hombre interior y esto es verdaderamente importante, necesario, imprescindible.
 
Estamos viviendo en una sociedad que conforme pasan los días se corrompe más, se degenera, se ensucia. Hay más problemas económicos, más violencia, crimen, mentira, prostitución, homosexualidad, lesbianismo. Hermanos no estamos viviendo en un lugar cerca del cielo, estamos viviendo muy cerca del infierno. Solamente aquí en esta tierra podemos escapar de la contaminación del mundo y de las situaciones contrarias que nos rodean. Si nuestro espíritu está fortalecido tendremos una fuerza poderosa en nuestro hombre interior y vamos a ser capaces de repeler el ataque del enemigo, de rechazar la tentación; ningún creyente frío, apático, tibio, será capaz de resistir la tentación.
 
Muchos líderes de concilios o de organizaciones importantes, llámense diáconos o ancianos, llámense siervos, como se llamen están cayendo por todas partes de la tierra, porque se han debilitado espiritualmente. Satanás tiene como tarea debilitar la vida espiritual del líder y del creyente. Oímos de personas que caen todos los días, he meditado que en el cielo hay un gran trabajo, miles de ángeles ocupados las veinticuatro horas del día; a los que se convierten los ángeles están escribiendo su nombre en el libro de la vida; y a otros, a aquellos que pisotean la sangre de Cristo, que pisotean la senda de la vida, que se descarrían y que se van de nuevo a servir al mundo, los ángeles están pasándole el borrador al libro de la vida.
 
Amados, hay una razón poderosa para el hombre de Dios, el de tener una fortaleza en su hombre interior, en su espíritu, ahí es donde radica la fuerza del cristiano. La fuerza nuestra no radica en la carne, la carne tiene que debilitarse, el apóstol Pablo dice: “Cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12:10), pero cuando soy fuerte, entonces soy débil. No sabemos en qué tremenda circunstancia o agonía o determinación se encontraba Pablo, pero él clamaba al cielo, clamaba al Señor que le quitara un aguijón en su carne que lo abofeteaba, que lo golpeaba continuamente, la respuesta divina no se dejó esperar, el Señor le respondió: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9).
 
La debilidad es cuando el poder de la carne se debilita, cuando la persona es golpeada a través de la prueba, del dolor, de la enfermedad, de la situación económica, de la persecución, de la calumnia, de la burla, la persona entonces se siente débil. Espiritualmente hablando ya no es altivo, ya no es grosero, entonces se siente débil en la carne; y cuando surge el poder glorioso del Espíritu, entonces se ha fortalecido el espíritu, empieza esa persona a ser más humilde; porque cuando estaba poderoso en la carne no le aceptaba a nadie un consejo, no permitía que nadie le señalara un error, quería vivir independientemente de los demás. Por eso gracias a Dios por las pruebas que atravesamos, sabiendo que todo esto es solamente un proceso.
 
Lo que Dios se propuso hacer con este hombre de Dios, fue debilitar su carne a través de un aguijón que lo abofetee, que lo humille, entonces este hombre en su espíritu entiende que es débil. Cuando una persona se siente débil (en su carne) empieza a aparecer en su vida características muy atractivas como son la humildad, la amabilidad, la sencillez, y otras virtudes más; su carne se debilitó y ya no está pensando en él, está pensando en los demás. Cuando una persona está carnal, esta no saluda a nadie, más bien espera que le saluden; espera que todos le den un vaso de agua, pero él no se la da a nadie; que todos hablen bien de él, pero él no habla bien de nadie; eso es la carne pero el poder del Espíritu va a debilitar esa carne.
 
La Palabra de Dios claramente dice: “Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne escontra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis” (Gálatas 5:16-17). Cuando la carne esta fuerte se opone al Espíritu y el espíritu dice tengo hambre y sed de Dios, la carne nunca tendrá hambre de Dios, sabe que tiene hambre de playas, de cines, de películas de terror, la carne se alimenta con pornografía, se alimenta con minifaldas, con modas indecorosas, modas sucias y corruptas, esa es la carne pero el Espíritu le inclina a tener hambre y sed de Dios.
 
“El deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne” (Gálatas 5:17), tienen una lucha entre sí. A la carne le gusta las cosas de la tierra como la pereza, el sueño, el ir solamente el domingo al templo; que lujo y el resto de la semana descansando, viendo televisión, viendo novelas, viendo películas sucias, porque los que hacen eso no vienen ni a la convención; es una lucha poderosa avalada y apoyada por el diablo, la carne está asesorada por las tinieblas. Pero el espíritu esta asesorado por el Espíritu de Dios, por eso el apóstol Pablo clamaba que fuéramos fortalecidos en el hombre interior por el Espíritu, cuando tenemos esa fortaleza del Espíritu de Dios en nosotros, entonces la carne no nos puede detener.
 
Y el espíritu fuerte en el hombre es comparado con un vehículo automotriz que no se ve tan moderno, pero tiene un motor poderoso que mueve al vehículo por encima de las piedras y de los troncos, no hay quien detenga ese carro, cualquiera no compite con él. Pero de qué nos serviría tener un carro lujoso, muy brillante, recién pulido, y que el motor no sirva, que en un arrancón quedó tirado, y hay que estar empujándolo. Así es aquel que teniendo la apariencia de creyente, a la hora de arrodillarse a orar, se queda dormido; su espíritu esta atrofiado, está atado, necesita ser fortalecido por el Espíritu de Dios. Nadie podrá ser un cristiano de verdad, si su espíritu está debilitado.
 
En Romanos 7:24, leemos: “¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?”. Aquí Pablo está reconociendo que su espíritu y su alma, viven en un estuche de muerte, un estuche de carne y hueso, que es un cuerpo de muerte, que la Biblia dice que este cuerpo no heredará el reino de los cielos, al cielo no entrara carne ni sangre. Por eso la carne se rebela contra el Espíritu, esa lucha que usted siente para orar, esa batalla que siente cuando el pastor cita una vigilia, las miles de excusas que saca la mayoría para no ir al ayuno, ese es el día que más hambre le da, es una batalla ¿por qué? porque la carne no está interesada en nada de lo que es de Dios, el único que está interesado es su espíritu y alma.
 
Génesis 6:5, leemos: “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”. La carne continuamente está pensando en el mal, vivimos en un cuerpo de muerte, estamos metidos en este cuerpo de muerte; en este pasaje bíblico de Génesis se nos dice que el Señor vio la maldad de los hombres que era mucha sobre de la tierra. No nos podemos imaginar que le deparará a la gente que asiste al culto de vez en cuando, algunos llegan después de varios días para cantar un especial; si uno que vive ahí metido orando, ayunando, reprendiendo y perseverando, se nos hace difícil para entrar al cielo, como será de aquellos que andan a medias tintas a qué cielo llegarán. “Si el justo con dificultad se salva, ¿en dónde aparecerá el impío y el pecador?” (1 Pedro 4:18).
 
El Mateo 26:41 el Señor dijo: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”. Si yo sé que mi carne es débil (en este sentido no quiere las cosas de Dios), tengo que fortalecer mi espíritu. Si mi espíritu está fuerte es porque está siendo alimentado con la Biblia, con la oración, con la búsqueda del rostro del Señor, con la consagración, con la comunión unos con otros; si el espíritu esta fuerte en esa capacidad podrá rechazar cualquier tentación. Pablo dijo: “Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo… para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu” (Efesios 3:14-16). No podemos estar débiles en el espíritu en este tiempo, hoy en día hay tentaciones sexuales, hay muchos creyentes enredándose con instrumentos del demonio del mismo sexo, el diablo le lanza muchos dardos, por eso agárrese de la Palabra del Señor, agárrese del poder de Dios y reprenda al diablo en el nombre de Jesucristo.
 
Hay gente que dice: ¡Hay que duros son estos del Movimiento Misionero Mundial! Aquí tenemos que estar parados en la Roca, no en la arena, en la arena no te pares, párate en la Roca inconmovible de los siglos; ya sabe hermano si nos ponemos blanditos nos vamos al infierno. El Señor le dice a sus discípulos: “Velad y orad, para que no entréis en tentación” (Mateo 26:41a), note esta Palabra tan sabia, tan profunda, tan poderosa. Lo que el Señor está diciendo es que se guarde para no caer en tentación; no querrá caer como un aguacate maduro, sabe usted que cuando se desprende un aguacate de un árbol, cae al piso la pepa y la semilla vuela lejos y ya el aguacate queda inservible porque quien lo recoge hecho guacamole en el suelo, queda de una vez licuado; y así caen muchos de la gracia, se desprenden del árbol y se desparraman ¿No quiere caer? entonces hay que velad y orad, para no entrar en tentación.
 
“El espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mateo 26:41b), porque es seguro que su espíritu no le va a decir que no lea las Escrituras, su espíritu nunca le va a decir no vayas al culto, el espíritu nunca le va a decir que no ore, el espíritu nunca le va a poner pereza, lo contrario el espíritu salta de gozo por hacer lo que le conviene a su vida y al Señor. La Palabra dice: “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” (Juan 7:38). Allí salta el espíritu dentro de nosotros, anhelando recibir de Dios, echando mano de lo eterno; pero la carne es débil, a la carne no le importa todo esto.
 
La Palabra dice claramente en Efesios 6:10, leemos: “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza”. No en el poder de nuestra fuerza, sino en el poder de Dios, además dice: “Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes, contra las acechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:11-12); por eso esto no es un juego a la religión, Dios está formando un batallón, porque aquí tenemos que tener la espada empuñada, tenemos que batallar, tenemos que tener el espíritu fuerte.
 
“Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estad firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (Efesios 6:13-18).
 
“Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Corintios 10:3-5). Usted no está en esta batalla solo ni está desarmado, las armas de esta milicia no son carnales sino poderosas en Dios ¿Tienes armas espirituales para pelear esta batalla? Si no las tiene “fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza” (Efesios 6:10).

Tomado de: http://impactoevangelistico.net/

Rev. Luis M. Ortiz
El propósito de la música en la Iglesia es para adoración y alabanza a Dios, para acción de gracias, oración, colaboración del Evangelio; y estos propósitos tan elevados no pueden ser realizados para levantar las pasiones carnales.
La música nos eleva a Dios
Dios es autor de la música. La mú­sica es de Dios, es la única de las bellas artes que la Biblia menciona en relación con el Cielo.
 
Dios el Padre canta. El profeta Isaías can­tó en lugar de Dios el cántico de Dios para Is­rael; y dice: “Ahora cantaré por mi amado el can­tar de mi amado a su viña…” (Isaías 5:1-7). Dios “se regocijará… con cánticos” (Sofonías 3:17).
 
Dios el Hijo canta. Era costumbre en las sinagogas leer las Escrituras cantadas, y con toda probabilidad cuando Jesús leía las Escri­turas en las sinagogas, las leía cantadas. Ade­más, cuando Jesús instituyó la Santa Cena cantó, leemos: “Y cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos.” (Mateo 26:30). Se cree que en esta ocasión Jesús cantó el Salmo 86.
 
Dios el Espíritu Santo canta. “Sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y ala­bando al Señor en vuestros corazones” (Efesios 5:18, 19). De modo que el Espíritu Santo canta en nosotros y por nosotros.
 
Los ángeles en el Cielo cantan. Dice la Escritura: “Cantad loores, oh cielos… Cantad alabanzas, oh cielos… Los cielos y la tierra y todo lo que está en ellos cantarán de gozo…”(Isaías 44:23 y 49:13; Jeremías 51:48).
 
La creación misma canta. “Prorrumpid, montes, en alabanza; bosque, y todo árbol que en él está…” (Isaías 44:23). “Cuando alababan todas las estrellas del alba…” (Job 38:7). “Los montes y los collados levantarán canción delante de voso­tros, y todos los árboles del campo darán palma­das de aplauso.” (Isaías 55:12).
 
Los redimidos cantan en el Cielo. “Y can­taban un nuevo cántico” (Apocalipsis 5:9). “Y la voz que oí era como de arpistas que tocaban sus arpas. Y cantaban un cántico nuevo delante del trono…” (Apocalipsis 14:2, 3).
 
En el Cielo hay instrumentos musicales. En el libro de los Salmos y el de Apocalipsis se nos dice que en el Cielo hay instrumentos de: cuerdas, de viento, de percusión; tales como: trompetas, bocinas, salterios, arpas, panderos, flautas, címbalos, vihuelas, tamboriles.
 
LA MÚSICA EN LA BIBLIA
 
Además de muchos cánticos que hay en la Bi­blia, todo el libro de los Salmos son cánticos de alabanza, de acción de gracias y de adora­ción a Dios. Nótese la letra espiritual y revente de los salmos, himnos y cánticos de la Biblia. Algunos salmos en su letra rebosan de regoci­jo, pero siempre son espirituales, reverentes y de adoración a Dios. Éxodo 15:1-18; 1 Samuel 18:6, 7; 1 Crónicas 13:8; 2 Crónicas 29:27; Ne­hemías 12:46; Salmo 32:7.
 
LA MÚSICA EN LA IGLESIA
 
Cuando David cantó el cántico de liberación por haberle Dios librado de la mano de Saúl y de todos sus enemigos, en su cántico profetizó que los gentiles, o sea, la Iglesia también can­taría (2 Samuel 22).
 
Desde el principio la Iglesia cantó, Jesús y los apóstoles cantaron (Mateo 26:30). Estando presos, “Pablo y Silas cantaban himnos a Dios” (Hechos 16:25), había tanta vida espiritual y tanto poder de Dios en aquellos cánticos de Pablo y Silas, que el carcelero y su familia fue­ron salvos y bautizados (Hechos 16:30-34).
 
La Iglesia cantó y debe cantar hoy “con el espíritu…” y “con el entendimiento” (1 Corintios 14:15), y entonces los himnos y cánticos serán espirituales (Efesios 5:19).
 
Nuestros himnos y cánticos en su música, en su letra y en su ritmo deben estar apoyados en la Palabra de Dios. Cuando la Palabra de Dios nos inspira y nos motiva, entonces “can­tamos con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales” (Sal­mo 138:5; Colosenses 3:16).
 
SATANÁS ADULTERA Y CORROMPE LA MÚSICA
 
En la Biblia los querubines son los seres angé­licos más inmediatos al trono y a la presencia de Dios. Ezequiel vio los querubines en medio de la gloria de Dios, y oyó el sonido de las ala­banzas y de la adoración a Dios por parte de los querubines (Ezequiel 1 y 10).
 
También Juan el apóstol vio los querubines alrededor del trono de Dios y “no cesaban día y noche de decir: Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso...” (Apocalipsis 4:8-11).
 
Lucifer era el que dirigía a todos los queru­bines en la adoración y en la alabanza a Dios, acompañada esa adoración con la música y los instrumentos musicales que Dios preparó. “Los primores de tus tamboriles y flautas estuvieron preparados para ti en el día de tu creación.” (Eze­quiel 28:12, 13).
 
Lucifer motivado por la evidente posición y por la elevada encomienda que se le asignó, se halló maldad en él, se enorgulleció y dijo: “Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testi­monio me sentaré, a los lados del norte; y sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo.” (Isaías 14:13, 14).
 
Se sublevó y encabezó una sedición pre­tendiendo ser semejante al Altísimo por lo cual Dios lo derribó, lo echó del monte de Dios, lo arrojó por tierra, y lo humilló hasta las cenizas (Ezequiel 28:14-19). “¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste” (Isaías 14:12). “Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor… profanaste tu santuario… espanto serás…” (Ezequiel 28:17-19).
 
Aquel Lucifer esplendoroso de ayer, es el Satanás tenebroso de hoy; aquel que era el más elevado de los querubines ayer, es el vás­tago abominable de hoy (Isaías 14:19). Aquel que era querubín grande en el santo monte de Dios ayer, hoy descendió al Seol su soberbia y el sonido de sus arpas (Isaías 14:11).
 
Corrompió su sabiduría y corrompió su música; con él también cayó su música y esta se tornó infernal y diabólica, por lo cual lo bo­taron del Cielo con todo y arpas, y tamboriles y flautas para que se fuera con su música para otra parte.
 
El primer inventor de instrumentos musi­cales, y maestro de música, fue Jubal (Génesis 4:21). Este era descendiente directo de Caín, el primer criminal que mató a su propio her­mano Abel.
 
En los albores de la historia del pueblo de Israel, junto al monte Sinaí, Satanás incursionó con su música corrompida, idolátrica y diabó­lica. Estando Moisés en la cumbre del monte Sinaí recibiendo de manos de Dios las tablas de la ley, el pueblo se impacientó, y pidió a Aarón que le hiciera dioses que estuvieran con ellos. El débil Aarón les fabricó un becerro de oro, imitando al becerro dorado, que era un ídolo de Egipto, cuyo culto estaba acompa­ñado con obscenidades degradantes (Éxodo 32:4-6). Cuando Moisés descendía del monte comprendió que el pueblo se había corrompi­do por la música que escuchaba (Éxodo 32:17, 18). Y en ese día murieron tres mil hombres (Éxodo 32:28).
 
Otro caso de música diabólica fue en oca­sión cuando se fue a dedicar la estatua de oro que levantó Nabucodonosor, este convocó a todos los grandes del imperio, a todo el pue­blo, y a todos los músicos para este festival musical diabólico. Se ordenó que al oír el son o el ritmo de la bocina, de la flauta, del tam­boril, del arpa, del salterio, de la zampoña, y de todo instrumento de música, que todos se postraran y adoraran la estatua. Nótese que el diablo usó su música y sus ritmos para provo­car a la multitud a la idolatría, todo el pueblo se dejó influenciar por la música satánica y se postró ante la estatua, menos los tres jóvenes hebreos (Daniel 3).
 
HOY SUCEDE IGUAL
 
Hoy Satanás ha corrompido su música para sus propios fines; hoy, hay música de Dios para adorar a Dios, y hay música del diablo para adorar al diablo. No solamente la Biblia enseña que existe gran diferencia entre la mú­sica de Dios y la música del diablo, sino que aun las plantas, y los animales se dan cuenta de la diferencia, y reaccionan de modos dis­tintos de una a otra música.
 
“Cuando a las vacas lecheras se les pone a escuchar música estridente, como rock y otros ritmos similares, se tornan irritadas y dan me­nos leche. Cuando escuchan música cristiana o música suave dan más cantidad de leche. Tres horas al día de música estridente marchi­tó una pequeña planta de calabaza.”
 
“En Denver, Colorado, se hizo el siguien­te experimento: unas plantas de petunia fue­ron expuestas a la música de la radio emisora la cual solo ofrece música estridente (rock y otros ritmos similares); otras plantas de petu­nia fueron expuestas a la música de la radio emisora que ofrece música religiosa, himnos evangélicos y música semiclásica. Las petu­nias expuestas a la música del diablo nunca florecieron y se inclinaron en dirección opues­ta a la que venía la música del radio receptor, y murieron. Las petunias expuestas a la músi­ca cristiana desarrollaron unas hermosas flo­res y se inclinaron hacia la radio.”
 
La música satánica invariablemente su letra es de sexo, de drogas, de rebelión, de idolatría, de religión falsa, de ocultismo, de demonios. Esta música enloquece y conduce a cometer actos de violencia y de inmoralidad. Una famosa cantante de salsa, que era bien conocida como la reina de la salsa, dijo a los periodistas: “La gente se enloquece y derriba puertas, hay reyertas y heridos, sobredosis de drogas, y cargas policiales”. En distintas ciu­dades, ante estos actos de música diabólica, las multitudes se han tornado como poseídos del diablo y ha habido centenares de muertos.
 
Una conocida agrupación canta una can­ción intitulada: “Bailando con el diablo”; otros cantan las letras y palabras de atrás para adelante y cuando se lee a la inversa dice: “Mi dulce Satanás”, otra canción dice: “Sata­nás es dios, él es rey, él es dios”. Uno de los miembros de la agrupación Bee Gees, en un conocido programa de televisión dijo: “Nues­tra música es bendecida por Satanás”. En un concierto en la ciudad de Phoenix, Arizona, un cantante dijo: “Yo he oído de algunos ton­tos quienes creen que existe Jesucristo y que los va a llevar al cielo; yo no creo en Cristo, yo creo en el diablo; yo no quiero ir al cielo, yo quiero ir al infierno”. La agrupación Kiss, quiere decir “knight in Satan service”, o sea “reyes al servicio de Satanás”.
 
Satanás ha introducido en muchas congre­gaciones y concilios la música mundana, po­pular, campesina, de tierra adentro, de salsa, danza, danzones, merengues, rancheras, sam­bas, jazz, rock, y toda esa clase de música y ritmos similares son usados para cantar a las pasiones, al erotismo, al pecado, al adulterio, a la fornicación, al sexualismo, a la infidelidad conyugal, al vicio, al alcoholismo, a las drogas, al paganismo, al ocultismo, al demonismo.
 
Dios es santo de toda santidad, puro de toda pureza, perfecto de toda perfección, y por lo mismo, usar tal música sensual y tales ritmos carnales e irreverentes para himnos religiosos y evangélicos es un insulto a Dios y una degradación humana. Los himnos que han perdurado por años, por lustros, por dé­cadas, por generaciones, por siglos, son him­nos que surgieron en medio de un tiempo de meditación, de comunión, de adoración a Dios. Ese es el caso de “Castillo Fuerte es nuestro Dios”, de Martín Lutero; “En el Mon­te Calvario”, de George Bennard.
 
Debemos cantar los himnos que realmen­te nos inspiren y nos eleven a Dios. Y estos propósitos tan elevados no pueden ser reali­zados con música cuyo propósito es levantar las pasiones carnales. El propósito de la mú­sica en la Iglesia es para adoración y alaban­za a nuestro Dios. 

Tomado de: http://impactoevangelistico.net
Rev. Álvaro Garavito
Cristo vino a buscar y a salvar lo que se había perdido, vino a enfrentársele, y para enfrentarlo tuvo que nacer como cualquier ser humano, tomar forma de hombre y vivir como cualquiera de nosotros, excepto sin pecado, para enfrentar y vencer al que tenía el imperio de la muerte.
Cristo venció al que tenía el imperio de la muerte
“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”, (Romanos 5:12). “Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23).
 
En estos días el mundo se ha visto envuelto por lo que inicialmente se le conoció como la peste porcina. Esta plaga puso en jaque al mundo entero; gobiernos de todas partes de la tierra alertaron a la población a tomar medidas precautorias para no ser infectados por esta plaga. El miedo al posible contagio y a la muerte hizo que muchas empresas se fueran a la quiebra, vuelos aéreos fueron cancelados, centros de turismo quedaron desérticos, en fin una gran problemática.
 
La historia registra muchas plagas, muchos problemas destructivos, muchos desastres, muchas pandemias que han exterminado a millones de seres humanos. Cada vez que se habla de esto, se ponen los pelos de punta, la gente hace lo que sea para huir de un contagio o de una plaga como esta. La Palabra de Dios, es el libro más antiguo en conocimiento que haya existido en la tierra, el autor de este libro, el Dios creador del universo, del cielo y de la tierra, anunció una pandemia hace casi 4000 años atrás, la cual ha venido a ser la peor de todas que hayan podido destruir a millones de millones de hombres y mujeres, ancianos y niños, adolescentes y jóvenes de todas las edades y de todos los estatus sociales han caído presa de la pandemia más horrible y devastadora que se haya podido oír en la tierra, llamada “PECADO”.
 
Esa pandemia inició cuando nuestros primeros padres o habitantes de la tierra empezaron a poblar este planeta. Estas plagas han destruido parte de la humanidad, sabemos que vendrán plagas sobre la tierra que harán temblar el mundo y que nadie podrá descubrir el origen ni tampoco su curación; el planeta está amenazado a causa de la primera pandemia que se inició dentro de la raza humana. Esta plaga o estas plagas han tenido un origen, algunos hablan que se han originado entre las aves, otras plagas se han originado entre los cuadrúpedos, entre la raza porcina, pero hay una plaga también llamada el SIDA que se originó a través de una bestia, de un animal con el cual un hombre perverso y corrompido tuvo relaciones sexuales y de allí emanó y dependió el llamado SIDA que tiene sellado con la muerte a millones de personas.
 
La pandemia más devastadora que las otras es el PECADO. La Biblia dice: “Como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuantos todos pecaron” (Romanos 5:12). Esta plaga se inició producida por la bestia salvaje, horrible y abominable que hayamos oído en este mundo llamado la serpiente antigua, Satanás y el diablo, esa bestia salvaje entró allí al Edén con el virus que no ha habido médico, no ha habido ciencia, no ha habido mano de hombre que haya podido curar, ni sanar y mucho menos detener esa plaga. Esa bestia llamada diablo metió en la vida de los primeros habitantes del mundo, la semilla del virus del pecado y a medida que la población fue aumentando sobre la tierra, también el pecado se multiplicó.
 
Ese virus maligno está acabando con los principios, con la moral, y sus resultados son la prostitución, el adulterio, la fornicación, etc. Con este virus aparecieron los primeros pervertidos, los homosexuales, las lesbianas, los primeros hombres que se ayuntaban con las bestias, degenerados, inmorales, sucios, corrompidos, porque el virus de la maldad se había metido a su sangre, y esa plaga, la más terrible de las pandemias del mundo ha llevado a millones y millones al infierno eterno, porque han rechazado la Palabra de Dios y a Jesucristo el Hijo de Dios, Él es el único que puede sanar y salvar al hombre de esa plaga del pecado. El diablo emprendió en el mundo grandes empresas como son los expendios de droga, de alcohol, de licores, y todo lugar de degeneración, porque el hombre nace infectado por esta pandemia inmunda; la Palabra de Dios nos dice que “la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23).
 
En cierto país oímos una noticia espeluznante, que ya no hay espacio para meter más pandilleros, más ladrones, más criminales, las cárceles están atestadas y los gobiernos en lugar de promover la predicación del Evangelio, de facilitar y abrir puertas para que se predique a través de la radio, la televisión, se resisten, hasta se persigue el único antídoto que puede curar esta pandemia del mundo. Millones han sido presos, los reclusorios de personas con problemas mentales también están sobrepasando su capacidad, hay un aumento de maldad, mientras más se acerca el levantamiento de la Iglesia, más maldad habrá, más inmoralidad, más pornografía, más suciedad, pero “cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia” (Romanos 5:20). Y donde el diablo ha metido sus garras y su hocico, allí el Señor ha metido su mano para salvar, para libertar, para romper las cadenas del pecado y de la muerte.
 
Dice la Palabra de Dios que esto se trasmitió a todos los hombres, todo el que nace ya está infectado por el pecado, por eso ya hay personas de 6 o 7 años que son borrachos y drogadictos, y estamos llegando a un punto tan peligroso, tan delicado, tan insoportable en la tierra, que ya estamos viendo prostitutas de 7 u 8 años, estamos oyendo por los medios noticiosos, la prostitución infantil.
 
La ciencia ha aumentado y la Internet bien utilizada es una maravilla de Dios, pero a muchos, Satanás ha corrompido en sus propias habitaciones, les ha trasmitido el veneno de la corrupción, el veneno de la inmoralidad, el veneno de la prostitución, de la pornografía; lo triste, lo lamentable de esto no es solamente a los pecadores que no tienen a Cristo, lo lamentable de esto es que en esta avalancha de suciedad, que el mundo le está haciendo presión a lo moral, a lo limpio, a lo puro, hay una avalancha que va arrastrando los principios morales que quedan y muchos jóvenes, jovencitas y hasta damas y caballeros ya de edades, donde pudieran distinguir y rechazar estas cosas están cayendo en esas garras de la pornografía.
 
También hay tantas iglesias que en los cultos no pueden ni alabar, ni predicar, la gente va a dormirse allí, porque están atados por la pornografía, atados por las novelas, por películas corrompidas que han destruido la moral del hombre. Ese virus se apoderó del mundo y fue tomando tanta fuerza que se vino a convertir en “el imperio de la muerte” (Hebreos 2:14). Cristo vino a la tierra después de miles de años de haber creado al hombre, vino a buscar y a salvar lo que se había perdido, vino a enfrentársele, y para enfrentarlo tuvo que nacer como cualquier ser humano, tomar forma de hombre, hacerse hombre de carne y huesos y venir a vivir aquí como cualquiera de nosotros, excepto sin pecado, para enfrentar y vencer al que tenía el imperio de la muerte.
 
El Señor dice a través del profeta Ezequiel 18:23, leemos: “¿Quiero yo la muerte del impío? dice Jehová el Señor. ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos?”; y en Ezequiel 18:32 nos dice: “Porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el Señor, convertíos, pues, y viviréis”. El Señor profetizó a través del profeta Oseas, hablando del imperio de la muerte y dice: “De la mano del Seol los redimiré, los libraré de la muerte. Oh muerte, yo seré tu muerte; y seré tu destrucción, oh Seol; la compasión será escondida de mi vista” (Oseas 13:14). Antes de nacer el Mesías prometido, ya el profeta había recibido revelación de Dios, que la muerte sería destruida en las manos de aquel que vino a enfrentarse al imperio de la muerte. Y esto vino a cumplirse porque el escritor a los hebreos dice lo siguiente: “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, Él (esto es Cristo) también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (Hebreos 2:14).
 
Cristo vino a la tierra, nació en un pesebre, donde habían asnos, bueyes, vacas, en medio del estiércol, abandonado, pobre, porque la Palabra dice que “por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico (Él se hizo pobre, pero con un propósito), para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (2 Corintios 8:9). Nació como pobre, vivió como pobre, no tuvo donde recostar su cabeza, rehusó todo porque el vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.
 
Todos conocemos la historia, los que servimos a Cristo sabemos cómo fue su vida que siendo un niño de escaso un año y medio o dos años, ya las persecuciones de muerte estaban detrás de Él. Fue creciendo en medio de una batalla de incomprensión, de luchas, de desvelos, pagando un precio para poder dar el golpe certero allí en el calvario. Él tenía que pasar aquí en la tierra muchas noches de desvelo para ver la derrota de su adversario concretada, tenía que pasar noches, días de hambre, de sueños, de escasez, de persecuciones. Cristo fue creciendo, peleando esa batalla. La Biblia dice que en los montes pasaba las noches, muchas de esas noches fueron pasadas en los montes fríos, el sereno, picado de los moscos, de las hormigas, vivía una vida incómoda, una vida terrible, opuesta a todo lo que vivía la sociedad en su tiempo, pero sus ojos estaban puestos en el calvario para darle un certero golpe a su adversario, a su enemigo que lo había perseguido ya por más de 30 años.
 
“Por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, Él también participó de lo mismo”; tuvo que venirse del cielo a nacer como hombre, habitar aquí como un ser humano con necesidades, a llorar, a reír aquí en la tierra consciente que tenía que pelear la más cruenta de las batallas para poder derrotar al que tenía “el Imperio de la muerte”, eso era pagar un precio para ver las cosas hechas. Ahora sabemos que para echar mano de la vida eterna y de la bendición hay que pelear una batalla fuerte en esta tierra.
 
Él se hizo hombre y tomó esa forma y participó de ese cuerpo, de esa carne, de esos huesos, de esa sangre para poder destruir por medio de la muerte, porque Él tenía que morir en la cruz del calvario, ese era su final, tenía que morir en la cruz del calvario para poder destruir con su muerte al que tenía “el imperio de la muerte”. Cuando llegó la noche anterior, esa noche terrible de agonía en el Getsemaní sus poros se reventaron por la presión que había de la batalla sin cuartel que tenía que enfrentarse, la sangre corrió en su agonía, de sus poros salían como grandes gotas de sangre. Cuando llegó la hora, se enfrentó a los enemigos, lo llevaron a la cárcel y allí fue juzgado para luego posteriormente pasar a aceptar la muerte de cruz que estaba esperando porque allí se iba a pelear esta gran victoria, ¡la batalla la tenía ganada!
 
Allí en la cruz Cristo se enfrentó en el madero contra principados, contra potestades, contra gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes; allí estaban esperando golpear su cabeza. “Y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz”, Colosenses 2:15. Cristo despojó a las potestades, a los gobernadores, les quitó su autoridad; los despojó, los derrotó y los venció, públicamente, ¡públicamente! Para que no quedara vestigio secreto, que no quedaran dudas de quién había vencido, allí venció la muerte, allí venció al diablo en aquella gran batalla del calvario, venció al que tenía el Imperio de la muerte, fue vencido; y esa sangre preciosa que salía de su cuerpo mientras moría, esa sangre se convirtió en una fuente carmesí que limpia el pecado del hombre.
 
¡Cristo derramó su sangre! Y esa sangre desde aquel día hasta ahora, sigue limpiando. Él fue llevado a la tumba después de morir, ya había vencido al que tenía el imperio, pero le faltaba vencer la muerte y allí fue a la tumba. Al tercer día resucitó de los muertos, la muerte no lo pudo retener, la tierra tembló, las piedras se sacudieron, se levantó aquel que venció por la eternidad de la eternidad. ¡Cristo es el vencedor! ¡Cristo venció la muerte, Cristo venció al diablo! ¡Venció al que tenía el imperio de la muerte! ¡Lo derrotó! ¡Él venció! Y llevó en su cuerpo las enfermedades, y creemos en ese Cristo que resucitó de los muertos, si creemos en aquel que venció al diablo y a la muerte.
 
Amigo, usted está atado porque quiere, es presa del alcohol porque quiere, es presa de la droga, de la prostitución, de la mentira, de la trampa, de la falsedad, de la hipocresía, de la hechicería, de los agoreros, de los brujos, pero Cristo nos dice: “Conviértase de sus malos caminos y vivirá”. Si usted cree en Él acéptelo como su Señor y Salvador personal. ¡Dios le bendiga!.

Tomado de: http://impactoevangelistico.net/
Templateify is awesome, add your tagline here
ARRIBA