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JEHOVÁ CUMPLIRÁ SU PROPÓSITO


“Si anduviere yo en medio de la angustia, tú me vivificarás; contra la ira de mis enemigos extenderás tu mano, y me salvará tu diestra. Jehová cumplirá su propósito en mí; tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; no desampares la obra de tus manos.”  Salmo 138:7-8.
Nadie puede hacer la obra, llevar a cabo el propósito de Dios, seguir la voluntad del Señor y hacer proezas, si Dios realmente no está con él. Debemos procurar que la manifestación del poder de Dios no sea una vez por año o esporádicamente, sino que realmente se cumpla lo que dijo Jesús: “He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt. 28:20).
A Dios le interesa más lo que somos, que lo que hacemos. No se puede impresionar a Dios por las muchas cosas que podamos hacer, ni haciendo alarde de lo que se ha hecho. La Biblia dice que: “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?” (Mt. 7:22). Refiriéndose a la obra que hicieron el Señor les dirá:“Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mt. 7:23). Quiere decir que no vivieron para Él, no caminaron como Él quería. Entonces de nada le sirvió todo lo que pudieron haber hecho, por no haberse cuidado, por no haber hecho la voluntad de Dios, por no haberse mantenido en la obediencia de Su Palabra.
También sabemos que el mundo entero está lleno de cobardes. No hay nada positivo escrito sobre los cobardes. Actualmente encontraremos a muchos que son simples religiosos, que asisten a un templo, pero que son cobardes; porque estos constantemente viven rindiéndole culto a la mundanalidad, rindiéndole culto a cuanta moda aparece, rindiéndole culto a cuantas cosas y embelecos de las tinieblas aparecen, e inclinados ante estos y adorándolos. Si buscamos, notaremos que son pocos los que viven una vida de integridad, una vida de testimonio, una vida de servicio, una vida de entrega.
Debemos saber que el reino de los cielos lo arrebatan los valientes. “El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Pero LOS COBARDES e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.” (Ap. 21:7-8). “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, al reino de los cielos se hace fuerza, y los valientes lo arrebatan.” (Mt. 11:12, RV 1909).
Amado lector, Dios quiere que le rindamos toda nuestra voluntad, quiere una entrega total tanto a Él como a su Obra. Y que podamos decir como dijo el salmista: “Jehová cumplirá su propósito en mí; tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; no desampares la obra de tus manos” (Sal. 138:8). Amén.

Tomado: ImpactoEvangelistico.net

Rev. Gustavo Martínez: La Obra de Dios necesita personas de apoyo, que amen y sean fieles a Dios y a su líder. Es deber del colaborador guardar a su líder en lo espiritual y moral.
Moisés era un hombre con cualidades extraordinarias, conduciendo al pueblo de Israel por el desierto, camino a la tierra prometida. Israel tuvo que pelear con Amalec.
Moisés dio instrucciones a Josué, servidor suyo, para enfrentar al enemigo: “Escógenos varones, y sal a pelear contra Amalec; mañana yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano. E hizo Josué como le dijo Moisés, peleando contra Amalec; Moisés, Aarón y Hur subieron a la cumbre del collado. Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro, así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol. Y Josué deshizo a Amalec…” (Éxodo 17:8-16).
La Biblia describe a los hombres escogidos por Dios como seres humanos con características normales: débiles, que se cansan, que tiene hambre, que pueden rendirse por la carga. Moisés también se cansaba, y era necesaria la presencia de dos hombres que le ayudaran. Cuando Moisés levantaba sus manos en señal de adoración a Dios e implorando su favor, Israel tomaba ventaja; pero cuando se cansaba y bajaba los brazos, prevalecía Amalec. Es así que Aarón y Hur se dieron cuenta de la realidad humana de Moisés, que aunque era un hombre de Dios, necesitaba de la fidelidad de sus ayudantes; se dieron cuenta que Dios los había llamado para esa hora y los había puesto cerca a su líder. Se percataron que su líder necesitaba ayuda.
Una de las cosas que necesita el líder es que Dios levante a personas fieles, que sean de apoyo, que los cuiden de los peligros, de la mala voluntad de muchos falsos “hermanos”. El apóstol Pablo fue víctima de esos falsos “hermanos” que, fingiendo amor y deseo de estar con él, lo traicionaron, lo difamaron y se opusieron a su ministerio.
Por eso se necesitan personas de apoyo, que amen y sean fieles a Dios y a su líder. Los inmediatos a él, sus familiares, son los primeros que deben apoyar la labor. Todos los que están cerca de un Siervo de Dios, deben colaborar con él fielmente, y no dejarse llevar por el diablo para atacar o destruir.
Es deber del colaborador guardar a su líder en lo espiritual y moral. Orar por él, estar atento a sus necesidades, no permitir que nadie le haga daño, estar a su lado para apoyarlo y animarlo a alcanzar sus metas, garantizando su respaldo incondicional; pues es su privilegio. Amén.
Tomado: ImpactoEvangelistico.net


Hna. Carmen Valencia de Martínez: La Venida del Señor es el acontecimiento más importante que este mundo ha de experimentar. Dios lo ha prometido y lo cumplirá.
En la Biblia se menciona este hecho en 1,845 versículos, en el Nuevo Testamento se menciona aproximadamente en 318 versículos, Pablo habla de este tema en 50 pasajes bíblicos podríamos decir que hay más de 260 capítulos en la Biblia que nos hablan del regreso del Señor.
Desde el principio Dios ha hablado de su venida, en Judas 14 habla de un hombre de Dios, Enoc séptimo desde Adán y ya Dios lo estaba utilizando para hablarnos de su venida. “De éstos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán, diciendo: He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares” (Judas 14).
“Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Tesalonicenses 4:16-17). El rapto es el acontecimiento más importante en la vida del cristiano, también ha sido anunciado en todas las edades en la Palabra del Señor. Ese retorno será, antes de la Segunda Venida del Señor, para levantarnos y llevarnos con Él, con el propósito de que su Iglesia no esté en la gran tribulación.
Y hablando de la Venida del Señor, leemos: “Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo” (Hechos 1:10, 11). Tanto los profetas, apóstoles, ángeles y el mismo Señor nos habla sobre este evento maravilloso.
Al leer la Palabra nos damos cuenta de lo cerca que esta la Venida del Señor y de los momentos en que estamos viviendo y lo serio de la brevedad de nuestros días, pues el Espíritu Santo nos hace entender de la urgencia de buscar al Señor.
No sabemos el día ni la hora (Mateo 24:36), pero lo que sí sabemos es que no estamos en tinieblas, estamos en la luz y que ese día no nos va a tomar por sorpresa porque la Palabra es lámpara a nuestro camino y nos ha abierto los ojos y como somos hijos de Dios somos estudiosos de la Palabra y a través de ella nos damos cuenta de las señales científicas antes del regreso del Señor que será en breve. El Señor ya está a la puerta, a punto de hacer sonar la trompeta final, seremos transformados y estaremos en el cielo con el Cordero dándole gloria al Rey de reyes y Señor de señores.
Yo creo que todos queremos que ese momento sea ya, que hoy el Señor venga a rescatarnos de toda esta apostasía y sufrimiento que estamos viviendo hoy.
Tomado: http://impactoevangelistico.net/


Rev. Álvaro Garavito: “La mano de Jehová vino sobre mí… y me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos… Y profeticé como me había mandado, y entró espíritu en ellos, y vivieron, y estuvieron sobre sus pies; un ejército grande en extremo.” Ezequiel 37:1-10.
La Palabra de Dios nos muestra un panorama terrible en cuanto a la nación de Israel y como el pueblo había llegado a una condición de sequedad, de muerte, de destrucción, de desconsuelo, era una situación terrible en todos los sentidos. Cuando el pueblo estaba cautivo en Babilonia los de aquella nación le pidieron que cantaran, pero ellos estaban tan tristes, que habían colgado en los árboles los instrumentos musicales.
La Biblia registra que Pablo junto con otros compañeros, fueron golpeados, heridos y puestos presos en la cárcel. Sin embargo, siendo ya de noche sin importarles las circunstancias que estaban atravesando, empezaron a cantar, abrieron la boca para adorar y bendecir a Dios y la cárcel empezó a temblar, los cimientos del edificio se sacudían, porque la presencia de Dios estaba en ese lugar, porque donde está el Espíritu de Dios, allí hay libertad. El caso de Israel era diferente, la situación llegó a hacerse tan crítica, que ellos colgaron los instrumentos, cerraron la boca y cuando les dijeron que cantaran, ellos respondieron: ¡No podemos cantar en tierra extraña! Israel fue llevado a cautiverio y se secó su espíritu, secándose su alma, secándose su corazón.
Pero vino el tiempo cuando el Espíritu de Dios tomó al profeta Ezequiel y le dio tremenda revelación. El Señor le pregunta a aquel profeta: “Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos?” Y la respuesta es: “Señor Jehová, tú lo sabes”. El Señor le dijo al profeta: “Profetiza sobre estos huesos…” Y ¿qué les voy a profetizar, qué les voy a decir si son huesos secos? Porque hay gente que está muerta en delitos y pecados, y hay que profetizarles con la Palabra, el Señor dice: “Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd Palabra de Jehová”. ¡Qué maravilla es oír la Palabra de Jehová! Y esa Palabra se metió en las venas, se metió en la sangre, se metió en los huesos, se metió en el corazón, se metió en el alma y nos cambió, nos transformó, nos dio vida. El Señor dijo: “El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida” (Juan 6:63).
“Profeticé, pues, como me fue mandado...” (Ezequiel 37:7). Cuando hablamos de parte de Dios, la Palabra va a hacer una obra, va a lograr un efecto extraordinariamente poderoso. Dijo el profeta: “Profeticé como se me había mandado, y cuando di la Palabra los huesos se juntaron, y empezaron a resucitar esos muertos”; porque donde hay Palabra de Dios se revoluciona hasta el cementerio. La Palabra es espíritu y es vida, y donde hay un pastor o un predicador que la enseñe, habrá una revolución tremenda, todos los días habrá testimonios, todos los días la gente testificará, porque la Palabra tiene poder para cambiar al hombre. Cuando Ezequiel profetizó, vio que los huesos se juntaban unos a otros y se armaban y fueron levantándose y se formó una multitud, como un gran ejército.
La Biblia nos dice que un funcionario de Etiopía, había venido a Jerusalén y estaba leyendo al profeta Isaías. “Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: Pero ¿entiendes lo que lees? Él dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare?” (Hechos 8:30, 31). “Respondiendo el eunuco, dijo a Felipe: Te ruego que me digas: ¿de quién dice el profeta esto; de sí mismo, o de algún otro? Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta Escritura, le anunció el Evangelio de Jesús. Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó” (Hechos 8:30-38).
Llama poderosamente la atención cuando la Escritura dice: “Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4:12). Cuando oímos esta Palabra verdadera, pasamos de muerte a vida, de las tinieblas a la luz admirable.
Nuestro Señor Jesucristo estaba peleando la batalla en el desierto y habían pasado cuarenta días de verdadero ayuno. No como esos ayunos que hacen muchos en su cuartito con aire acondicionado, con alfombras, con jugo de naranja o de zanahoria, esos son ayunos inventados por el diablo; hasta dicen que Daniel ayunaba con jugo de zanahoria, ¡mentira de Satanás! Los verdaderos ayunos que encontramos en la Biblia, eran días y noches sin tomar agua, sin comer nada. Pero no hay quien haya ayunado como el Señor, no hay nadie todavía, ni lo encontraremos jamás.
¿Sabe dónde fue el ayuno del Señor? Fue en un desierto, donde sólo hay espinas, arena candente, calor tremendo; y nuestro Señor en ayuno, orando y clamando. Cuando llegaba la noche venía el frío del desierto, ese aire terrible hace temblar a cualquiera, y al amanecer aparecía un sol abrasador. “Y vino a Él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Él respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:3, 4). De toda Palabra que sale de la boca de Dios vivirá el hombre; porque de ella somos vivificados, y con ella nos alimentamos espiritualmente.
Amados, con esta revelación divina no hay tempestad, no hay demonio que nos detenga, porque hay un poder dentro de nosotros y esa es la Palabra del Señor.
Tomado: http://impactoevangelistico.net/


Rev. Carlos Guerra: Un famoso pintor, pintó un día un cuadro que tituló “jaque mate”. En éste se pueden ver dos jugadores de ajedrez sentados frente a frente a una mesa.
Dios todavía puede voltear los planes de Satanás, y tornarlos en su contra. Todavía están vigentes las palabras que Dios dijo a Israel por medio del profeta Ezequiel: “Porque yo Jehová hablaré, y se cumplirá la palabra que yo hablé; no se tardará más, sino que en vuestros días, oh casa de rebelde, hablaré palabra y la cumpliré, dice Jehová el Señor” (Ezequiel 12:25).
Un famoso pintor cristiano, que asimismo era un apasionado del juego del ajedrez, pintó un día un cuadro que tituló jaque mate. En éste, que todavía hoy se conserva en una galería, se pueden ver dos jugadores de ajedrez sentados frente a frente a una mesa. Un creyente, sentado en la parte derecha, y el diablo sentado a la izquierda.
El rostro del diablo se ve triunfante y casi se puede oír su risa diabólica, porque parece que tiene al cristiano atrapado. De otro lado, el creyente, cuya preocupación se refleja en el rostro, tiene las dos manos agarradas con toda su fuerza en los bordes de la mesa, con los nudillos de los dedos casi blancos a causa del esfuerzo y de la tensión del crucial momento.
La galería donde se iba a exponer el cuadro le dio mucha publicidad al mismo. Así pues, cuando la galería abrió sus puertas, el público empezó a detenerse junto a aquel para observarlo con curiosidad. Todos, al leer el título de la obra y la actitud de los personajes, sacudían la cabeza pensando que el diablo había ganado la partida contra el cristiano. Los transeúntes que más o menos tenían nociones de ajedrez, pensaban que ya no existía ninguna estrategia de salida, ni tampoco ninguna maniobra posible. Algunos sentían lástima por el cristiano, y otros se indignaban porque parecía que el diablo se había salido con la suya.
No obstante, llegó a aquel lugar un ex campeón de ajedrez, quien también se puso a observar el cuadro con atención. El no se fijó mucho en el diablo ni en el creyente, sino en la partida de ajedrez que el cuadro había capturado, y asimismo le prestó atención al título: jaque mate. Tras observar la tabla de ajedrez durante unos minutos, el perito descubrió algo de importancia crucial: “¡Un momento! ¡Esto es una mentira del diablo! El cristiano no está jaque mate, por cuanto su rey todavía tiene una jugada”. Amados hermanos, nuestro Rey de gloria siempre tiene una jugada posible, un movimiento para poner jaque mate al diablo.
Amados hermanos, no importa que el diablo quiera hacerle creer que usted está “jaque mate”... ¡Nuestro Rey de reyes siempre ha tenido y tendrá la última movida! El único que está “jaque mate” es Satanás porque Cristo lo venció para siempre en la cruz del Calvario.
Absolutamente nada ni nadie podrá detener los propósitos soberanos del Señor para con su pueblo Israel y su Iglesia. Amén.


Rev. Luis M Ortiz: Esta es una gran exclamación de David, leemos: “¡Oh Jehová, Señor nuestro, cuán grande es tu nombre en toda la tierra!”  Salmo 8:9.
David era un aplicado estudiante y conspicuo observador de la creación, como también un profundo adorador del Creador. Dice él: “Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el
hijo del hombre, para que lo visites?” (Salmo 8:3-4). En una gran exclamación de gratitud y de sincera adoración agrega: “¡Oh Jehová, Señor nuestro, cuán grande es tu nombre en toda la tierra!” (Salmo 8:9).
¡Verdaderamente nuestro Dios es grande!
ÉL ES GRANDE EN AMOR. El Evangelio según San Juan 3:16 dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” Su amor es tan grande que sacrificó a su propio Hijo
para nuestra salvación.
Pablo dice: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).
Juan dice: “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios” (1 Juan 3:1).
DIOS ES GRANDE EN BENIGNIDAD. En Éxodo 34:6 Dios se proclama a sí mismo como grande en benignidad. Él no puede ser de otro modo en su gran benignidad, Él hace que el sol salga sobre justos e injustos (Mateo 5:45).
Cuando Dios proclamó su benignidad a Moisés, nos dice la Biblia que: “Moisés, apresurándose, bajo la cabeza hacia el suelo y adoró” (Éxodo 34:8). No es para menos. Cuántos insensatos hay que blasfeman el nombre de Dios, y esto para su propia perdición.
DIOS ES GRANDE EN MISERICORDIA. Dice la Biblia: “Que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión, el pecado” (Éxodo 34:7).
El Salmo 136, haciendo un recuento de la grandeza, de la misericordia, y de la bondad de Dios; termina cada versículo diciendo: “Porque para siempre es su misericordia.”
DIOS ES GRANDE EN GLORIA. El Salmo 138:5 dice: “La gloria de Jehová es grande.”
El mundo ha visto grandes manifestaciones de la gloria de Dios. Como cuando la nube de la gloria de Dios guiaba al pueblo de Israel en el desierto, y luego se asentaba sobre el tabernáculo. Cuando la llama de su gloria ardía en el lugar santísimo. Los profetas vieron algo de
la gloria de Dios. E Isaías exclamó: “Toda la tierra está llena de Su gloria” (Isaías 6:3).
Pero la más grande demostración de la gloria de Dios la hemos visto en la encarnación de su Hijo amado, por eso Juan dice: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14).
Nosotros que hemos experimentado la gloria de Dios en nuestras vidas, por medio de nuestro Señor Jesucristo, es por esto que siempre decimos: ¡Gloria a Dios!
DIOS ES GRANDE EN PODER. En Job 37:23 dice: “Él es Todopoderoso, al cual no alcanzamos, grande en poder...”
Él es el creador de todas las cosas. Dice en Jeremías 32:17-18, y leemos: “¡Oh Señor Jehová! he aquí que tú hiciste el cielo y la tierra con tu gran poder, y con tu brazo extendido, ni hay nada que sea difícil para ti… Dios grande, poderoso, Jehová de los ejércitos es su nombre”.
No le hace todas las teorías y las especulaciones de los hombres, con relación al origen del universo y de la vida, queda siempre inconmovible la verdad de que Dios hizo todo con su gran poder, pues nada hay explicación aparte del Dios Todopoderoso.
DIOS ES GRANDE EN FIDELIDAD. En Lamentaciones 3:23 dice: “Grande es tu fidelidad.” Ciertamente Él es grande en su fidelidad. Él es fiel a Su Palabra.
Ninguna de sus palabras cae por tierra (2 Reyes 10:10). El Cielo y la Tierra pasará, pero su Pablara permanece para siempre (Mateo 24:26). Aunque nosotros seamos infieles, Él permanece fiel, no se puede negar a sí mismo (2 Timoteo 2:13).
Cuando rechazamos la grandeza de su amor, de su benignidad, de su misericordia, de su gloria, de su poder, de su fidelidad, tenemos que afrontarnos a la grandeza de su ira. Dice en Jeremías 36:7, y leemos: “Porque grande es el furor y la ira que ha expresado Jehová”.
ÉL TAMBIÉN ES GRANDE EN SU JUSTICIA. Y dice la Biblia que no dará por inocente al malvado y al pecador (Éxodo 34:7).
Aquellos que no se refugien en la grandeza de su amor, sufrirán los rigores de la grandeza de Su justicia y de Su ira.
En Apocalipsis capítulo 16 nos habla de las siete copas llenas de la ira de Dios, que han de ser derramas sobre la tierra y sus moradores. Y vendrán plagas, las aguas se convertirán en sangre; el sol quemará a los hombres, estos se morderán las lenguas de dolor; habrá relámpagos, y truenos, y temblores de tierra, granizó; las ciudades desaparecerán, las islas se hundirán.
Y será entonces, ante esa gran manifestación de la ira de Dios sobre la tierra, que también caerá para siempre la gran ramera (Apocalipsis 17), esa iglesia pseudo-cristiana, esa religión semi pagana; que ha corrompido a las multitudes, que ha fornicado con los reyes de la tierra; que se viste de púrpura y escarlata, adornada con oro, con piedras preciosas y perlas; embriagadas con la sangre de los santos de los cristianos, de los evangélicos, de los seguidores de Jesús. En la gran manifestación de la ira de Dios, esa Iglesia corrompida y corrompedora caerá para siempre. Y cuando cae se oye en el cielo cuatro Aleluyas.
Amigo, si no quieres sufrir el eterno rigor de la ira de Dios, por tu pecado, mejor es que ahora mismo aceptes la grandeza del amor de Dios y todo lo que Él ha hecho por ti. Acepta a Jesucristo como tu gran Salvador. Amén.

Tomado: http://impactoevangelistico.net/


Rev. Alberto Ortega: “He aquí Dios está con nosotros por jefe y sus sacerdotes con los trompetas de júbilo para que suenen contra vosotros.” 2 Crónicas 13:12.
Cuando el rey Abías de Judá ordenó batalla contra Jeroboam, rey de las tribus del norte, el ejército con el que contaba era numéricamente la mitad del rey de Israel. Pero en medio de aquella situación desfavorable, Abías le recordó a su adversario sobre quién y sobre qué se apoyaba en esa batalla.
El primer apoyo sobre el cual Abías estaba firmemente establecido lo encontramos en la primera parte de su declaración: “He aquí Dios está con nosotros por jefe”. Esta fue una palabra poderosa, fue un latido de fe que activó el corazón de Abías. Jeroboam no podía decir esto por cuanto había cambiado al Dios incorruptible y eterno por los becerros de oro. Abías se lo recordó: “Tenéis con vosotros los becerros de oro que Jeroboam os hizo por dioses” (2 Crónicas 13:8).
Numerosos cristianos en la actualidad han cambiado a Dios por los becerros de oro de la prosperidad, de la abundancia, de las riquezas. Están equivocados sobre los principios de autoridad establecidos por Dios, han cambiado la declaración: “He aquí Dios está con nosotros por jefe”, por una blasfemia monstruosa: “dios está con nosotros por subordinado”. Recuerde: “Donde Dios no ejerce autoridad tampoco manifiesta su poder”.
Lo segundo que nos enseña este pasaje es que para que Dios intervenga en nuestra batalla es requisito inalterable estar bajo el ministerio establecido por él: “Y sus sacerdotes con las trompetas de júbilo”. Aunque Abías era rey, reconocía que necesitaba estar bajo la autoridad del ministerio establecido por Dios.
Jeroboam tampoco poseía esto, este atrevido destituyó a los sacerdotes de Jehová y establecido para sí a los de su gusto: “¿No habéis arrojado vosotros a los sacerdotes de Jehová, a los hijos de Aarón y a los levitas, y os habéis designado sacerdotes a la manera de los pueblos de otras tierras, para que cualquiera venga a consagrarse con un becerro y siete carneros, y así sea sacerdote de los que no son dioses?” (2 Crónicas 13:9).
Jeroboam destituía y constituía ministerios a su antojo, estableció sus propias reglas de ingreso para constituir ministerios según su capricho, ¡que muchos Jeroboam se están levantando! No hacía falta la experiencia del nuevo nacimiento, ni el testimonio limpio, tampoco se necesitaba el llamamiento divino, ni siquiera era necesario conocer y fundamentarse en las Sagradas Escrituras. El único requisito era tener el dinero suficiente para conseguirse un becerro y siete carneros; se compraba el ministerio con la credencial correspondiente.
Por último, Abías tenía de su lado las trompetas de júbilo. Estas trompetas eran de plata, la plata era símbolo de la Palabra de Dios. “Las palabras de los impíos son asechanzas para derramar sangre; más la boca de los rectos los librará” (Proverbios 12:6). Ante los Jeroboam contumaces y rebeldes hay que hacer tocar la trompeta de la Palabra.
Abías estaba viendo aquellas trompetas dispuestas a sonar bajo órdenes de Dios y por medio de ministros santos, estaba saboreando de antemano la victoria la cual no se hizo esperar. “Dios desbarató a Jeroboam y a todo Israel delante de Abías y de Judá”, ¡Gloria a Dios!
Amado, ¿tienes delante de ti algún Jeroboam desafiante y retador? ¿Por qué no usas la trompeta de júbilo? ¿Necesitas restauración? ¡Toca las trompetas de júbilo y levántate en Cristo! ¿Está Jericó cerrada delante de ti? ¡Suena la trompeta de júbilo y verás cómo cae y se abre delante de ti! Haz sonar la trompeta de júbilo para que tu vida se llene de la nube y de la gloria de Dios. Dios te bendiga.

Tomado: http://impactoevangelistico.net/
Rev. José Arturo Soto Benavides
El apóstol Pablo con respecto a la Obra llegó a decir que Dios abrió una puerta grande, esta es la puerta de la evangelización. Mientras esté abierta la Iglesia trabajará en pos de las almas perdidas.
Puertas Grandes
En 1 Corintios 16:9 leemos: “Porque se me ha abierto puerta grande y eficaz, y muchos son los adversarios”.
En la Biblia, la palabra “puerta” se usa en forma muy prolija y abundante, encierra un significado simbólico. Por ejemplo, cuando algo es inminente, decimos: “Está a la puerta”.
En el tiempo antiguo, había puertas cerradas para el pueblo de Israel. Faraón, cerrando las puertas de la libertad, no permitió que Israel saliera de Egipto. La Biblia dice que: “Moisés y Aarón entraron a la presencia de Faraón y le dijeron: Jehová el Dios de Israel dice así: Deja ir a mi pueblo a celebrarme fiesta en el desierto” (Éxodo 5:1). El Faraón desafiante respondió: “¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel” (Éxodo 5:2). El final de esta historia es conocida, Dios abrió las puertas de la libertad para Su pueblo.
Israel cruzó el río Jordán y se encontró con una ciudad inexpugnable: Jericó; con puertas cerradas, bien cerradas. Dice la Escritura: “Jericó estaba cerrada, bien cerrada, a causa de los hijos de Israel; nadie entraba ni salía” (Josué 6:1). Pero Dios había decidido abrirlas para que el pueblo pase. Él puede abrir puertas en un país, porque es el Soberano de las naciones y éstas le pertenecen. Dios le dio a Josué la estrategia, no era una estrategia humana; consistía en caminar alrededor, clamar e invocar al Señor en el momento que se indicara y ¿sabe qué pasó con las puertas cerradas? ¡Cayeron los muros, se derrumbaron y el pueblo de Dios heredó en victoria!; parecía un plan ridículo, pero contaba con un elemento poderosísimo llamado Fe; y la Fe, mueve montañas.
La influencia benefactora de la Iglesia es evidente a través de los siglos. A pesar que ha habido gobiernos e imperios que se han concentrado en un ataque sistemático y abierto contra la Iglesia del Señor, han fracasado en su intento.
En el imperio babilónico, que el rey Nabucodonosor dominó; Daniel y sus tres amigos, gente que servía a un Dios de grandes puertas, se pusieron en sus manos en situaciones difíciles. Nabucodonosor, avanzando los años, expresó: “Conviene que yo declare las señales y milagros que el Dios Altísimo ha hecho conmigo” (Daniel 4:2). ¡La Iglesia puede poner a los reyes a testificar del poder de Cristo!
Podríamos decir lo mismo del imperio medo-persa y del imperio romano; de aquellos quedan ruinas, pero la Iglesia marcha triunfante; el enemigo no ha podido, ni podrá cantar el coro de victoria; no han podido, ni podrán derrotarnos; porque Dios abre puertas eficaces.
LA IGLESIA DEL SEÑOR SE MUEVE EN LA PERSPECTIVA DE TRES IMPORTANTES PUERTAS
La primera puerta
La puerta de la salvación de Cristo. Jesús dijo en Juan 10:9, “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo”. Cristo es una puerta grande, la primera que se abrió; pero el entrar por ella representa conflictos, pruebas; porque ser cristiano no es como vivir en el mundo, es agradar a Dios en todo.
La segunda puerta
Cuando Cristo preguntó a sus discípulos: “¿Quién decís que soy yo?”; Pedro respondió: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”; entonces Jesús declaró: “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro y sobre esta roca (sobre esta revelación, sobre esta verdad, que van a decir y creer millones, después de ti)edificaré mi Iglesia y las puertas del Hades (infierno)no prevalecerán contra ella” (Mateo 16: 13-20).
Prevalecer implica luchar, algunas de esas puertas se levantarán: la puerta de la drogadicción, la puerta del alcoholismo, la puerta de la corrupción - que en la actualidad alcanza a todos los estratos sociales en el mundo - se levanta retadora e inexpugnable la puerta de la idolatría, la puerta de la  inmoralidad, por la cual ingresa la mayoría y cuando se cierra, aprisiona a los que por ella entraron. Se levantan amenazantes, pero ya el Señor ha dicho: “Las puertas del infierno no prevalecerán”. ¡Tenemos poder de Dios para golpear esas puertas! ¡Y tendrán que caer! Porque el Señor dijo: “No prevalecerán”.
La tercera puerta
Aquella que menciona Apocalipsis 4:1-2, Juan escucha una voz como de trompeta y cuando se vuelve para mirar quien hablaba, la voz le dijo: “Sube acá” y cuando mira “he aquí una puerta abierta en el cielo” y si alguien quiere saber, ¡esa puerta es grande, hacia allí nos movemos; nada, ni nadie nos puede impedir llegar y alcanzar esta puerta, abierta para nosotros!
CUANDO JESÚS MURIÓ EN LA CRUZ, SUCEDIERON ALGUNAS COSAS EN EL ÁMBITO INVISIBLE
Lo visible era su cuerpo lacerado, ensangrentado; alrededor la gente veía todo el drama, pero habían cosas que ocurrían en el ámbito espiritual, pero eran parte del plan de Dios; por tanto, podemos decir que la cruz fue una gran puerta de victoria, especialmente, sobre Satanás.
Dice la Biblia en Colosenses 2:14-15, “… anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, despojando a los principados y las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz”. Él era el emperador de la muerte y el infierno, pero Cristo, al morir, le arrebató las llaves del infierno y la muerte. Así que el diablo no tiene ningún poder sobre usted; dice la Biblia: “Los exhibió, públicamente (los avergonzó), triunfando sobre ellos en la cruz” (Colosenses 2:15); es por eso que cuando Jesús dijo: “Mas Jesús, dando una gran voz, expiró. Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo” (Marcos 15:37-38). La puerta se abrió de par en par”.
Cristo no tenía que añadir nada, ganó como hombre, ¡todo un triunfador!, pero no añadió en sí ningún brillo más a su Majestad. ¿Por quién lo hizo? ¡Por nosotros! Por eso dijo: “En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán” (Marcos 16:17-18). “Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:9-11).
SE ME HA ABIERTO PUERTA GRANDE Y EFICAZ
En Éfeso, el apóstol Pablo dijo: “Se me ha abierto puerta grande y eficaz”. Eficaz quiere decir: “Que produce efecto”, que el objetivo propuesto se cumple.
Éfeso, una ciudad impía, centro de idolatría, donde custodiaban aquella maravilla del mundo antiguo: El templo de Diana. Era un edificio majestuoso, sostenido por cien columnas de mármol, cada una donada por un príncipe oriental, una obra de arte, un lugar donde se reunían a adorar. Diana era una representación de diosa de la fertilidad. Toda la ciudad la adoraba, era tan famosa que, a lo largo del imperio romano, se hablaba de ese ídolo; había mucha superstición: Letras mágicas que otorgaban protección a la gente que las usaban.
En la época de su tercer viaje, Pablo estuvo trabajando en Éfeso por lo menos 2 años y 3 meses. Dejó la ciudad después del motín provocado por Demetrio, el platero fabricante de templecillos de plata, que vio disminuir sus beneficios debido a la predicación del apóstol (Hechos 19).
Pablo no pensaba quedarse mucho tiempo, tenía otro itinerario, incluso envió a algunos ayudantes que se fueran delante y se quedó en Éfeso predicando en las escuelas. “Pero endureciéndose algunos y no creyendo, maldiciendo el Camino delante de la multitud, se apartó Pablo de ellos y separó a los discípulos…” (Hechos 19:9). Pablo dijo a sus ayudantes que todavía no se iría, porque entendió la visión: “Se me ha abierto puerta grande y eficaz”.
SI LA CIUDAD ES DIFÍCIL SEA FIEL, ENTRE POR LA PUERTA QUE DIOS LE HA DADO; ESA PUERTA, POR MÁS PROBLEMAS QUE HAYA, NO DEJA DE SER EFICAZ; VA A PRODUCIR EL EFECTO QUE DIOS SE HA PROPUESTO.
Cuando Pablo predicaba, ellos pensaban que había llegado otro talismán, porque Pablo sanaba a toda la gente en el nombre de Cristo. Y las personas atormentadas por el diablo venían al Señor. Pero algunos llegaron a reprender: “Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo” (Hechos 19:13); a lo que respondieron los demonios: “A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois?” (Hechos 19:15); es que hay que estar autorizados y el que autoriza está arriba, en los Cielos; el endemoniado les cayó encima y huyeron desnudos y con las marcas del elemento violento (Hechos 19:16).
Cuando Pablo llegó, comenzó a predicar en la sinagoga y en las escuelas; la gente empezó a convertirse incluso quemaron sus libros de magia. “Y muchos de los que habían creído venían, confesando y dando cuenta de sus hechos. Asimismo muchos de los que habían practicado la magia trajeron los libros y los quemaron delante de todos; y hecha la cuenta de su precio, hallaron que era cincuenta mil piezas de plata. Así crecía y prevalecía poderosamente la Palabra del Señor” (Hechos 19:18-20). Los que adoraban a Diana, empezaron a adorar a Jesús; entonces la central sindical de artífices empezó a temblar, ¿se da cuenta que cuando Dios abre puertas a la iglesia, las ciudades tiemblan?
Los adversarios comenzaron a surgir; uno de ellos, llamado Demetrio, dijo: “Varones, sabéis que de este oficio obtenemos nuestra riqueza; pero veis y oís que este Pablo, no solamente en Éfeso, sino en casi toda Asia, ha apartado a muchas gentes con persuasión, diciendo que no son dioses los que se hacen con las manos. Y no solamente hay peligro de que este nuestro negocio venga a desacreditarse, sino también que el templo de la gran diosa Diana sea estimado en nada, y comience a ser destruida la majestad de aquella a quien venera toda Asia, y el mundo entero” (Hechos 19:25-27). A él no le importaba Diana, sino el dinero.
“Cuando oyeron estas cosas, se llenaron de ira, y gritaron, diciendo: ¡Grande es Diana de los efesios!”(Hechos 19:28). La gente se congregó en el anfiteatro y por dos horas gritaron: ¡Grande es Diana de los efesios!, buscaron a Pablo para matarlo pero no lo encontraron, pues se quedó oculto, arrastraron a algunos de sus compañeros y hubo un ambiente revoltoso y hostil; el apóstol Pablo con respecto a la Obra llegó a decir: “Porque se me ha abierto puerta grande y eficaz, y muchos son los adversarios”.
En la actualidad, Éfeso es un pantano pestilente; no queda rastro de la ciudad, lo único que suena son las ranas, no se oye nada; pero los cristianos podemos decir: ¡Grande es nuestro Dios! ¡Y la iglesia sigue adelante porque Dios nos ha abierto puertas grandes!
Está cerca el instante en que se oiga una Palabra poderosa, como la dicha en el libro de los Salmos 24:7-10, leemos: “Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de Gloria”. A coro, el cielo pregunta: “¿Quién es este Rey de Gloria? Jehová el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla”; pero no entrará solo, entraremos con Él; porque somos uno, somos el fruto de lo que Cristo hizo en la cruz del Calvario.
Dios le bendiga.
fuente: http://impactoevangelistico.net/
Rev. Álvaro Garavito
“Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu.” Efesios 3:14-16.
Fortalecidos con poder
El apóstol Pablo, escribiendo a los efesios, hace esta referencia tan maravillosa que tiene importancia hasta el día de hoy para toda la Iglesia en general.

Pablo dice: “Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo” (Efesios 3:14), para orar, para interceder, para clamar por las vidas. Es maravilloso que alguien se acerque y le diga que ha pasado noches de agonía orando por su vida, orando por su ministerio, orando para que Dios le levante y pueda convertirse en un instrumento poderoso en las manos de Dios, eso es alentador.
“Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda la familia en los cielos y en la tierra” (Efesios 3:14, 15). Luego viene a especificar, lo que estaba determinado, el propósito “para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder, en el hombre interior por su Espíritu” (Efesios 3:16). La razón por la cual este hombre de Dios doblaba sus rodillas, para clamar delante del Padre en el nombre de nuestro Señor Jesucristo era para que cada uno de ellos fuera fortalecido en el hombre interior y esto es verdaderamente importante, necesario, imprescindible.
 Estamos viviendo en una sociedad que conforme pasan los días se corrompe más, se degenera, se ensucia. Hay más problemas económicos, más violencia, crimen, mentira, prostitución, homosexualidad, lesbianismo. Hermanos no estamos viviendo en un lugar cerca del cielo, estamos viviendo muy cerca del infierno. Solamente aquí en esta tierra podemos escapar de la contaminación del mundo y de las situaciones contrarias que nos rodean. Si nuestro espíritu está fortalecido tendremos una fuerza poderosa en nuestro hombre interior y vamos a ser capaces de repeler el ataque del enemigo, de rechazar la tentación; ningún creyente frío, apático, tibio, será capaz de resistir la tentación.
 Muchos líderes de concilios o de organizaciones importantes, llámense diáconos o ancianos, llámense siervos, como se llamen están cayendo por todas partes de la tierra, porque se han debilitado espiritualmente. Satanás tiene como tarea debilitar la vida espiritual del líder y del creyente. Oímos de personas que caen todos los días, he meditado que en el cielo hay un gran trabajo, miles de ángeles ocupados las veinticuatro horas del día; a los que se convierten los ángeles están escribiendo su nombre en el libro de la vida; y a otros, a aquellos que pisotean la sangre de Cristo, que pisotean la senda de la vida, que se descarrían y que se van de nuevo a servir al mundo, los ángeles están pasándole el borrador al libro de la vida.
Amados, hay una razón poderosa para el hombre de Dios, el de tener una fortaleza en su hombre interior, en su espíritu, ahí es donde radica la fuerza del cristiano. La fuerza nuestra no radica en la carne, la carne tiene que debilitarse, el apóstol Pablo dice: “Cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12:10), pero cuando soy fuerte, entonces soy débil. No sabemos en qué tremenda circunstancia o agonía o determinación se encontraba Pablo, pero él clamaba al cielo, clamaba al Señor que le quitara un aguijón en su carne que lo abofeteaba, que lo golpeaba continuamente, la respuesta divina no se dejó esperar, el Señor le respondió: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9).

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Rev. Rubén Concepción: “Me hizo volver luego a la entrada de la casa; y he aquí aguas que salían de debajo del umbral de la casa hacia el oriente; porque la fachada de la casa estaba al oriente, y las aguas descendían de debajo, hacia el lado derecho de la casa, al sur del altar…”  Ezequiel 47:1-12.
Portadores de las Aguas de bendición
Al aplicar esta porción de las Escrituras a nuestra vida, nos damos cuenta que somos santuario de Dios. Pues la Palabra de Dios establece que somos “templo del Espíritu Santo”. Como templo de Dios somos fuentes o portadores desde la cual fluyen las aguas de bendición y gracia divina. El Señor Jesús dijo: “Si alguno tiene sed venga a mí y beba. El que cree en mí como dice la Escritura de su interior correrán ríos de agua viva”. (Juan 7:37-38).
El Señor dijo: “El que cree en mí”. No dijo el que cree en las palabras de los hombres, o en las instituciones políticas, religiosas, económicas. Él dijo: “El que cree en mí”. Él es el fundamento de nuestra fe.
Al observar este pasaje, Ezequiel 47:1, nos dice que las aguas salían del santuario, que es la casa de Dios. La casa de Dios representa nuestra vida consagrada, dedicada y entregada a Dios. Muchos quieren llevar el mensaje de Dios pero no quieren vivir a la altura del mensaje. Muchos quieren proclamar la Palabra de Dios pero no quieren conocer al Dios de la Palabra.
Vemos que las aguas que corrían hacia fuera salían de “debajo del umbral”, el umbral es un escalón para subir o entrar a la casa. Y nos habla de una vida de humildad y sencillez. Por lo tanto nos convertimos en portadores de las aguas de la bendición reconociendo que somos “santos y humanos”. La humildad es una virtud y cualidad en la vida de los creyentes que verdaderamente están llenos de Dios. Al verdadero hombre de Dios las alturas no le marean porque ha aprendido a estar sobre la cumbre de la misma forma que estuvo Jesús, crucificado.
Estas aguas corrían hacia el oriente, hacia el nacimiento del sol. El verdadero creyente camina a la luz de la Palabra de Dios.
Así que, su caminar es de fe, su visión es amplia y segura. Aunque vive en el marco del tiempo (pasado, presente, futuro), nunca mira al pasado para anhelarlo como el pueblo de Israel, tampoco se detiene en el presente circunstancial para vivir, en el lamento como le sucedió a Samuel. Hace como el apóstol “olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta al premio del supremo llamamiento” (Filipenses 3:13-14). La fortaleza del verdadero portador, es proseguir para seguir dando las aguas de la bendición aunque eso conlleve sacrificio, dolor y menosprecio.
El verdadero creyente lleno de Dios corre hacia el oriente, hacia el nacimiento de un nuevo día. Para poder realizar esta gran tarea de llevar las aguas de la bendición a un mundo que es árido y estéril, es necesario que haya un proceso de crecimiento y madurez. Sabemos y comprendemos que el Reino de los Cielos se hace fuerza y los valientes lo arrebatan.
Todo tiene un comienzo. Nadie nace realizado. Cuando vemos este pasaje, Ezequiel 47, nos damos cuenta que el profeta fue invitado para que entrara a las aguas.
Quiere decir que antes que las aguas de la bendición entren en nosotros para convertirnos en bendición, nosotros tenemos que entrar a ellas, en las aguas, para que seamos saturados de lo divino. Vemos que Dios tiene su plan bien diseñado. La primera distancia (mil codos) representa el inicio del Espíritu Santo en nosotros. Viene como silbido apacible y delicado. El Señor habló a sus discípulos y les dijo que el Espíritu Santo moraba con ellos y que estaría en ellos (Juan 14:7). Esto nos habla de una íntima comunión. Cuando hay una verdadera comunión, no hay gritos de desesperación, sino un silbo apacible como lo experimentó el profeta Elías. Así es el inicio de la vida que ha de llevar las aguas de la bendición.
Comienza con obediencia y sensibilidad. Tenemos que ser sensibles a los toques del Señor. La comunión con Dios nos conduce a una relación más profunda con Él. Cuando el agua llega hasta las rodillas nos postramos y permitimos que el Espíritu Santo nos ayude en nuestra debilidad. Cuando nos postramos (Ezequiel 47:4). Podemos oír su voz que nos fortalece para poder interceder por los pueblos, las naciones y la Obra de Dios.
Luego nos paramos en la brecha y clamamos por misericordia. Tenemos que meternos en las aguas hasta las rodillas; “la humildad no está en espera de grandes hombres de ciencia y políticos ni grandes predicadores elocuentes; sino esperando un hombre, un pueblo que viva de rodillas y se aun intercesor”. Hay que meternos en las aguas hasta las rodillas.
“Mil codos más”. Por tercera ocasión el mensajero invita al profeta a que entrara más profundo, “hasta los lomos (la cintura)”. Esto representa la vida ceñida al Espíritu Santo. Cuando Cristo llena nuestras vidas hay cambios, ya no nos ceñimos nosotros, sino que otro nos ciñe, nos ciñe el Espíritu Santo y recibimos autoridad de Dios para proclamar su Palabra. El deseo de Dios es tomar control de nuestras vidas para poder caminar por la senda de la fe con seguridad, certeza y convicción de ver el futuro bajo la perspectiva divina. Por lo tanto, mil codos más es la medida que nos sumerge en las aguas provocando una rendición a la obra del Espíritu Santo. Es el momento cuando no hay más resistencia, es el momento cuando Dios toma el control de nuestras vidas.
Dejamos lo que era de niños y nos convertimos en hombres y mujeres capaces de realizar la Obra de Dios con valor, determinación y entrega. Cuando Dios toma el control en nuestras vidas nuestra escala de valores cambia. Todo lo valorizamos desde la perspectiva de las riquezas que haya en Cristo Jesús. Pasamos de lo insignificante a lo maravilloso.
Los resultados de las aguas de la bendición han sido y seguirán siendo maravillosos. Produjo frutos para alimentar, sanidad para el enfermo y vida a todo lo que estaba muerto.
Atrévete a entrar a las aguas de la bendición, sumérgete por completo, hasta que te conviertas en una verdadera fuente que brota aguas de vida eterna. Entonces estarás listo para saciar la sed que tienen aquellos que te rodean. Solo tienes que probar. Pruébalo y te convertirás en un portador de las aguas de la bendición.

Fuente: impactoevangelistico.net/
Rev. Gustavo Martínez: “He aquí la hora viene, y ha venido ya, en que seréis esparcidos cada uno por su lado, y me dejaréis solo; mas no estoy solo, porque el Padre está conmigo... En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” Juan 16:25-33.
Confiad Yo he vencido
En este pasaje se nos habla acerca de aquella gran victoria que nuestro Salvador obtuviera sobre el diablo, el pecado, la tumba, el temor, la tristeza, la ignorancia y la trasgresión. En efecto, a través de Su muerte, el Señor derrotó para siempre a las tinieblas y a la muerte; y por ende, el mismo poder que operó en Su resurrección, vivificará nuestros cuerpos mortales o nos arrebatará al Cielo y nos trasformará en un abrir y cerrar de ojos.
LA VICTORIA SOBRE EL DIABLO Y EL PECADO
Cristo derrotó al diablo como simple hombre, a fin de concedernos la libertad, y para que nosotros, a su vez, también pudiéramos vencerlo: “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre”(Hebreos 2:14-15).
Durante la dispensación de la ley, los sacrificios de expiación por el pecado eran imperfectos. Porque solo cubrían el pecado, y porque los oferentes antes de sacrificar en nombre del pueblo, debían presentar sus propios pecados primero. En cambio, durante su estadía en la tierra nuestro Señor habitó en un cuerpo mortal, y fue tentado en todo como cualquier ser humano, el pecado nunca se enseñoreó de Él. Esto hizo que Su sacrifico expiatorio fuera perfecto, y que Él pudiera limpiarnos del pecado y aniquilar su poder condenatorio.
También es deber de aquel que es nacido de Dios de abstenerse de pecar y de guardarse a sí mismo. Y bajo esta condición, el maligno no lo podrá tocar: “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios”(1 Juan 3:9).“Todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca”(1 Juan 5:18).
LA VICTORIA SOBRE LA MUERTE
El diablo tenía esclavizada a la humanidad por el pecado y por el temor a la muerte. Mas Cristo vino para derribar a los imperios y a las potestades de las tinieblas, y los avergonzó públicamente al triunfar sobre ellos en la cruz del Calvario (Colosenses 2:15).
La tumba no pudo dejar al Hijo de Dios sepultado; y al tercer día después de la crucifixión, el Espíritu de Dios vino sobre Él, y lo levantó de los muertos. La Biblia en Marcos 16:4-6 dice: “Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande. Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron. Mas él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron”.
Por medio de Su resurrección Cristo destruyó el aguijón de la muerte, y le quitó todo poder al sepulcro. Las Escrituras revelan que el aguijón de la muerte era el pecado y que el poder del pecado residía en la ley que nos condenaba. No obstante, cuando Cristo aniquiló el poder del pecado en la cruz del Calvario, la muerte ya no pudo seguir amedrentándonos: “Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 15:54-57).
Amados lectores, no tenemos por qué temerle a la muerte ni a nada. Efectivamente, en Cristo el temor ha sido vencido, y por ende, cuando venimos a Él, Su amor perfecto destruye el temor que pueda invadirnos: “En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo. En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor…” (1 Juan 4:17-18).
LA VICTORA SOBRE LA TRISTEZA Y LA IGNORANCIA
Antes de saber que Jesús había resucitado, los discípulos se hallaban en un estado de postración y de tristeza inimaginables. Hasta tal punto, que cuando María Magdalena vino a anunciarles la resurrección, ellos, ocupados en llorar y gemir, no la creyeron (Marcos 16:11).
A pesar de que Cristo anunció varias veces que moriría y resucitaría al tercer día, los discípulos nunca habían interiorizado aquellas palabras. Para ellos, la crucifixión había marcado el final de su discipulado, y cada uno regresó a su casa y a sus profesiones respectivas. Mas Cristo se les apareció para devolverles el gozo, y cuando les enseñó sus llagas y su costado, pruebas irrefutables de que era Él, aquellos se regocijaron grandemente. Existe un concepto erróneo, según el cual, el cristiano camina por un sendero de rosas, y que ninguna tristeza puede afectarlo, porque esto significaría que Dios ya no está con él. No obstante, esta idea contradice las palabras del Señor Jesucristo cuando dijo que en esta tierra no seríamos exentos de tribulaciones, pero que Él se comprometía a darnos Su paz divina.“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).
Amado lector, puede ser que nunca haya experimentado el gozo de la salvación, o bien que habiéndolo experimentado, los quehaceres de la vida le hayan alejado de Dios. En esta hora, Dios lo está llamando y le está dando una oportunidad de aceptarlo. Si usted lo hace, Él lo recibirá y lo hará heredero del Reino de los Cielos instantáneamente.
Si usted ya es salvo, gócese de su salvación en todo momento. La muerte ha sido sorbida en la victoria de Cristo en el Calvario, no tenemos de qué temer. Dios les bendiga ahora y siempre.

Tomado de: http://impactoevangelistico.net
Rev. Rubén Concepción: “Seis días trabajarás y harás toda tu obra, más el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios”, Éxodo 20:9, 10.
El Trabajo, no es una maldición
Hubo una época en la historia humana en que se consideró el trabajo una maldición. Mas exactamente en tiempos antes de la gran reforma protestante. Sobre el particular se decía que el trabajo era como un azote, castigo impuesto al hombre como recompensa al pecado original. Era un medio de disciplina, de freno a los vicios, se consideraba que el único trabajo digno era el que cumplían los religiosos en los monasterios. Según el orden divino hallamos que el Eterno Creador es incansable en laborar. Jesús dijo: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo.” (Juan 5:17).
La Sagrada Escritura nos presenta a Dios como el creador del universo, como el gran gestor de la vida, como el arquitecto, ingeniero y primer obrero de su creación.
Siendo que Dios mismo es el primer obrero de su creación, no solo en el acto creador, sino en la obra de preservación y conservación el trabajo no puede considerarse como una maldición. Cuando el hombre y su mujer fueron creados el padre de familia humana le asignó un lugar, el mejor de toda la tierra. Le asignó un trabajo que hacer, cuidar el huerto y labrarlo. También fue comisionado por Dios a velar por la creación animal, dando nombre a cada especie y le entregó autoridad sobre toda la creación terrenal.
Cada humano tiene una comisión divina que cumplir en su corta estadía en este pequeño mundo. El término trabajo abarca todo lo que hacemos con el ejercicio de nuestros talentos en actividades que resultan en ganancia que utilizamos para el sostenimiento propio y el de nuestras familias y de la Obra de Dios. Bendito sea Dios que nos hizo para trabajar. Fuimos creados para ser fructíferos y productivos (Génesis 1:28). El pueblo de Dios es un pueblo trabajador y de la mejor calidad.
Toda la Biblia nos muestra su cultura del trabajo como un hecho bendición. Con el trabajo mejora la condición de vida del individuo, la familia, la comunidad y la nación. Dos grandes ramas estuvieron en las manos de los dos primeros hombres que nacieron en esta creación. La agricultura en las manos de Caín, hijo mayor de Adán y Eva y la ganadería en manos de Abel, el más joven. Estos dos pioneros del trabajo eran prósperos en su labor, su trabajo también producía para agradecer al dueño de la empresa, a Dios, el Creador del universo. Y traían ofrendas y sacrificios como un acto de gratitud. Todo el Antiguo Testamento muestra al pueblo de Dios laborando, Noé un gran constructor de navíos, agricultor y ganadero. Abraham ganadero, agricultor y comerciante. Los israelitas ganaderos, agricultores, artesanos, constructores, ingenieros y administradores brillantes. La cultura del trabajo está tan arraigada en la descendencia de Abraham que es y ha sido una fortaleza económica en el mundo, en todas las naciones y en toda su historia.
Tenemos que trabajar mientras el día dure, porque viene la noche cuando nadie puede trabajar. Trabajemos en bien de la Obra, de las almas perdidas y del Señor, recibiremos la recompensa. Amén.

Fuente: http://impactoevangelistico.net
Rev. Rodolfo González Cruz: “Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros
Defendiendo la Sana Doctrina
Rev. Rodolfo González Cruz: “Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres… y servid a Jehová. Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis… pero yo y mi casa serviremos a Jehová.” Josué 24:14, 15.
La Santa Biblia nos enseña a nosotros cómo debe ser nuestro comportamiento, primero para con nuestro Creador, y luego para con nuestro semejante o nuestro prójimo. Dios se agradará de aquel que oye la Palabra de Dios y la obedece. Nosotros predicamos la Sana Doctrina, que no es la doctrina de un hombre, ni de una organización.
Muchas veces tengo que decir que nací en una denominación donde fui instruido en la sana doctrina, pero ¿qué pasó?, que nuestros compañeros y nuestros padres espirituales comenzaron a dejar la sana doctrina y eso ha pasado en muchas denominaciones.
Hubo grandes avivamientos, Dios usó tremendos hombres de Dios. Luego, algunos de ellos fracasaron, o murieron.
Jesús dijo: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33). Buscar el reino de Dios es obedecer la Palabra del Señor, es obedecer la doctrina, la enseñanza bíblica.
“Ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:20-21). Ellos escribieron la Palabra de Dios para doctrinarnos, para hacernos conocer la voluntad del Señor.
El hacer la voluntad de Dios nos trae bendiciones. Primero bendiciones espirituales, éxitos, triunfos, logros, todo lo que tú necesitas para estar feliz en esta tierra y que no te falte nada porque es la bendición de Jehová la que enriquece y no añade tristeza.
La carta a los Gálatas dice: “No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el Evangelio de Cristo. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema” (Gálatas 1:7-8). No es posible que teniendo una misma Biblia, que estemos predicando diferente evangelio, ¿qué está pasando hermanos cristianos de todas las iglesias? Atienda a la Palabra de Dios para que el diablo no lo envuelva con las doctrinas herejes y erradas que está usando en estos últimos tiempos, como siempre Satanás lo ha hecho para engañar y desviar de la fe.
“Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia, prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó para que con acción de gracias participasen de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad. Porque todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias; porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado. Si esto enseñas a los hermanos, serás buen ministro de Jesucristo, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido.” (1 Timoteo 4:1-6). Viva dedicado al Señor, no se descuide; porque si se aparta de Cristo, haciendo lo malo, estará expuesto a ser enseñado “escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios”.
Haga una decisión con nuestro Dios de no volver atrás; Josué hizo el pacto con el pueblo, él murió y los que le sucedieron mantuvieron aquella doctrina, pero llega el momento que mueren los líderes y se corrompe la gente. Queremos gente que ame a Dios de verdad, gente que mantenga en alto la sana doctrina para que Dios pueda obrar, sanar enfermos, haga milagros, porque vivimos en santidad, tenemos así el poder de Dios, Dios está con nosotros para hacer milagros; queremos que las almas se salven.
¿Dejarás a Jehová, dejarás la sana doctrina, para ir detrás de ídolos y de hechiceros y espiritistas y parasicólogos y religiones de doctrinas falsas? Mas nosotros defenderemos la sana doctrina.
Hay que levantar la Palabra de Dios, corregir a los que están errados y que a la luz de las Escrituras conozcan la verdad. Amén.
Fuente: http://impactoevangelistico.net/
“Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios”, Job 19:25,26.
“La Muerte”
I. Introducción
 
Todos los seres humanos, creyentes e incrédulos, están sujetos a la muerte (Génesis 3:19). Los primeros seres humanos, Adán y Eva, no fueron creados para morir, sino con una capacidad de escoger entre la inmortalidad y la muerte. Todo dependía de su obediencia a Dios (Génesis 2:17). Tanto Adán como Eva desobedecieron al comer del fruto prohibido y murieron (Génesis 3:6). La muerte humana, sin embargo, fue distinta a la de los animales, es que Adán no dejaría del todo de existir. Su muerte tenía dimensiones físicas, morales y espirituales. Por causa de su desobediencia la misma clase de muerte pasó a todos sus descendientes, y a toda la raza humana (Romanos 5:12).
 
La muerte humana no implica dejar de existir, más bien consiste, básicamente, en una separación. La muerte física es la separación entre lo físico y lo inmaterial, o sea, entre el cuerpo y el alma. La muerte espiritual es la separación del ser humano de su Dios.
 
La muerte física fue resultado del pecado original. Adán no perdió la vida en el día que comió del fruto prohibido, sino que vivió 930 años (Génesis 5:5). Su muerte consistió en dejar de ser inmortal. Comenzó a envejecer desde aquel momento, y la muerte fue inevitable. Hubiera sido inmortal si no hubiese desobedecido a Dios, tanto física como espiritualmente.
 
Normalmente la muerte física sigue siendo inevitable para todo ser humano. Sin embargo, ha habido y habrá excepciones. Enoc y Elías fueron trasladados al cielo sin sufrir la muerte física (Hebreos 11:5; 2 Reyes 2:11); y en los últimos días, cuando el Señor arrebate a su iglesia, todos los creyentes que aún vivan serán trasladados directamente al Cielo (1 Tesalonicenses 4:13-18). Esto es motivo de gran esperanza y consolación para el pueblo de Dios (1 Tesalonicenses 4:18).
 
La palabra muerte en las Escrituras, sin embargo, tiene más de un significado. Es importante comprender la relación del creyente con los diversos significados de muerte.
 
II. La muerte como resultado del pecado
Génesis 2:16,17; 3:17-19
Los capítulos 2 y 3 del libro de Génesis enseñan que la muerte entró en el mundo por causa del pecado (Romanos 5:12). Nuestros primeros padres fueron creados con la capacidad de vivir para siempre; cuando desobedecieron la orden de Dios, cayeron bajo el castigo del pecado, que es la muerte.
 
1. Adán y Eva vinieron a estar sujetos a la muerte física. Dios había puesto el árbol de la vida en el huerto de Edén a fin de que los seres humanos nunca murieran al comer constantemente de él (Génesis 2:9). Dios pronunció lo registrado en Génesis 3:19 después que Adán y Eva comieron del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Aunque no murieron físicamente el día que comieron, si vinieron a estar sujetos a la ley de la muerte como resultado de la maldición de Dios.
 
2. Adán y Eva también sufrieron una muerte moral. Dios le advirtió a Adán que el día que comiera de la fruta prohibida de seguro moriría (Génesis 2:17). ¡Esa fue una advertencia seria! Aún cuando él y su esposa no murieron físicamente ese día, si murieron moralmente, es decir, su naturaleza se hizo pecaminosa. Desde Adán y Eva toda persona ha nacido con una naturaleza pecaminosa (Romanos 8:5-8), es decir, un deseo innato de hacer su propia y egoísta voluntad sin preocuparse por Dios y por los demás (Génesis 3:6; Romanos 3:10-18; Colosenses 2:13).
 
Cuando Adán y Eva pecaron se produjo de inmediato la muerte moral y espiritual, aunque la muerte física se produjo después (Génesis 5:5). La muerte moral consistía en la muerte de la vida de Dios en ellos y su naturaleza se volvió pecaminosa (Juan 17:3). La muerte espiritual significaba que estaba arruinada su anterior relación con Dios (Génesis 3:8-10).
 
Desde el pecado de Adán y Eva, cada persona nace con una naturaleza pecaminosa, y se ha transmitido a todos los seres humanos (Génesis. 5:3; 6:5; 8:21). Debe notarse, sin embargo, que ninguna parte de las Escrituras enseña que todos pecaron cuando Adán pecó, o que su culpa fue imputada a toda la raza humana. La Biblia si enseña que Adán introdujo la ley del pecado y de la muerte en toda la raza humana, corrompiendo a toda la humanidad de allí en adelante. Ahora todos los seres humanos nacen en el mundo con una predisposición al pecado y a la maldad (Romanos 5:12; 8:2; 1 Corintios 15:21-22; Gálatas 5:19-21; Efesios 2:1-3; Colosenses 1:21). La muerte entró en el mundo por medio del pecado, y ahora todos están sujetos a la muerte, “por cuanto todos pecaron”.
 
3. Adán y Eva también sufrieron una muerte espiritual. Cuando desobedecieron en el huerto se arruinó su anterior relación íntima con Dios (Génesis 3:8-10; 22-24). Ya no anhelaban pasearse y conversar con Dios en el huerto, más bien se escondieron de su presencia (Efesios 4:17-18). Estaban muertos espiritualmente.
 
4. La muerte como resultado del pecado implica muerte eterna. La vida eterna habría sido la consecuencia de la obediencia de Adán y Eva (Génesis 3:22), en cambio, ha llegado a operar el principio de la muerte eterna. La muerte eterna es condenación eterna y separación de Dios por causa de la desobediencia (2 Tesalonicenses. 1:7-9; Apocalipsis 20:5-6). Esta segunda muerte es en las Escrituras sinónimo de muerte eterna. Dos veces se declara en Apocalipsis que el lago de fuego es la muerte segunda o eterna (Apocalipsis 20:14; 21:8).
 
5. La raza humana está ligada a Dios mediante la fe en su Palabra como la verdad absoluta (Génesis 2:16-17; 3:4).
 
a) Como Satanás sabía eso, procuró destruir la fe de la mujer al suscitar dudas en cuanto a lo que Dios había dicho. Satanás sugirió que en realidad Dios no hablaba en serio. En otras palabras, la primera mentira planteada por Satanás fue una forma de antinomianismo, negando el juicio de muerte por el pecado y la apostasía.
 
b) Uno de los pecados fundamentales de la humanidad es la incredulidad en la Palabra de Dios. Es creer que por alguna razón Dios no habla en serio cuando se refiere a la salvación, a la justicia, al pecado, al juicio y a la muerte. La mentira que más repite Satanás es que el pecado impenitente y deliberado y la rebeldía contra el Señor no traerán necesariamente la separación de Dios y la condenación eterna.
 
La única manera de escapar de la muerte en todos sus multifacéticos aspectos es por medio de Jesucristo (2 Timoteo 1:10). Por su muerte Él ha reconciliado al creyente con Dios, invirtiendo así la separación espiritual y la enajenación que se había producido a causa del pecado (2 Corintios 5:18). Mediante su resurrección, Él venció y quebró el poder de Satanás, del pecado y de la muerte física (Romanos 6:10; 1 Juan 3:8; 1 Corintios 15:53-57).
 
III. El significado de la muerte física para los creyentes
 
Aun cuando los creyentes en Cristo tienen la seguridad de la vida resucitada, todavía pasan por la experiencia de la muerte física. Pero los creyentes enfrentan la muerte de manera diferente a los incrédulos (Filipenses 1:21). Las siguientes son algunas verdades reveladas en las Escrituras en lo tocante a la muerte del creyente:
 
1. Para el cristiano la muerte no es el fin de la vida, sino un nuevo comienzo, es el punto de transición para una vida plena (1 Corintios 15:55-57). La muerte para los creyentes es una liberación de las aflicciones de este mundo (2 Corintios 4:17) y de un cuerpo terrenal, a fin de ser revestidos de vida y gloria celestiales (2 Corintios 5:1-5). Pablo habla de la muerte física como un sueño (1 Corintios 15:6, 18, 20; 1 Tesalonicenses. 4:13-15) indicando que la muerte es descanso del trabajo y sufrimiento terrenal (Apocalipsis 14:13). Significa ir con los antepasados piadosos que hayan muerto antes y es una puerta a la presencia del Dios Vivo (Filipenses 1:23).
 
2. También las Sagradas Escrituras hablan de la muerte de los creyentes en términos consoladores. La muerte de los santos “estimada es a los ojos de Jehová” (Salmos 116:15). Es una entrada “en la Paz” (Isaías 57: 1,2) y la gloria (Salmo 73:24); un viaje al paraíso ( Lucas 23:43); un viaje a la casa de “muchas moradas” del Padre (Juan 14:2); una partida bendecida (2 Timoteo 4:6); a fin de “estar con Cristo” (Filipenses 1:23); una continua presencia con el Señor (2 Corintios 5:8); un dormir “en Cristo” (1 Corintios 15:18; Juan 11:11; 1 Tesalonicenses. 4:13); una “ganancia” que “es muchísimo mejor” (Filipenses 1:21,23); y el momento de recibir “la corona de justicia” (2 Timoteo 4:8).
 
3. En cuanto al tiempo entre la muerte del creyente y su resurrección corporal, las Escrituras enseñan lo siguiente:
 
a) En el momento de la muerte los creyentes son llevados a la presencia de Cristo (2 Corintios 5:8; Filipenses 1:23)
 
b) Los creyentes existen con plena conciencia (Lucas 16:19-31) y sienten alegría por la bondad y el amor mostrados por Dios (Efesios 2:7).
 
c) El cielo es como un hogar, es decir, un refugio de descanso y seguridad (Apocalipsis 6:11), y un lugar de comunión y compañerismo con otros creyentes (Juan 14:2; Efesios 2:19; Hebreos 13:14).
 
d) Las actividades del cielo incluirán adoración y canto (Salmo 87:5-7; Apocalipsis 14:2-3; 15: 2-3), tareas asignadas (Lucas 19:17).
 
e) En el cielo los creyentes mantienen su identidad personal (Mateo 8:11; Lucas 9:30-32).
 
4. Aun cuando al creyente le aguarda gran esperanza y alegría cuando muere, todavía los creyentes se afligen cuando muere un ser querido. José, por ejemplo, se lamentó profundamente cuando murió Jacob, su padre. Su reacción ante la muerte de su padre es un modelo para todos los creyentes que sufren la muerte de un ser querido.
 
a) Pesar sincero. José lloró y celebró un largo período de luto. Consistió en setenta días y varias semanas más, mientras llevaba de vuelta a Canaán los restos de Jacob para darle sepultura (Génesis 50:1-4, 14). No es anormal ni censurable afligirse durante semanas, o incluso meses, por la muerte de alguien muy querido.
 
b) Solicitud en los preparativos para la sepultura (Génesis 50:2). José quería honrar la memoria de su padre de una manera apropiada y respetable.
 
c) Cumplimiento de los últimos deseos. José hizo honor a las promesas que le hiciera a su padre (Génesis 50:5, 12-13). Deben cumplirse las promesas hechas en fe y basadas en la voluntad de Dios después de la muerte de un ser querido.
 
d) Testimonio fiel. José dio testimonio de su fe en las promesas de Dios al llevar a su padre de vuelta a la tierra prometida de Canaán y colocarlo en el sepulcro de Abraham, Isaac y los demás (Génesis 15:13-16; 49:28-33).

Tomado de: http://impactoevangelistico.net
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